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Sábado picante

Sábado picante
Gerardo Solís, contralor General de la República. Archivo

Nunca, nunca antes, el contralor de turno ha estado tan ausente como lo está el actual, Gerardo Solís. Su gestión resuena a gritos en el mundo de la nada. Las compras que hacen las instituciones parecen libres de control, abandonadas a su suerte, y solo oigo de él cuando alguien pregunta dónde está, qué hace, si está enfermo o si ya no está.

Se dice que auditó las actividades de Panama Ports Company para renovar su nocivo contrato, pero me pregunto –como lo hace todo el mundo– ¿quién ha visto el resultado de esa auditoría? ¿Dónde está? ¿Realmente la hicieron o es que ese documento es divino? Es decir, nadie lo ha visto, pero tenemos que tener fe en que sí se hizo y que sus resultados son obligantes.

¿Qué ha hecho de importancia Gerardo Solís para que tengamos que llamarle contralor? Va para dos años en el cargo y la última vez que le metió interés genuino a algo fue hace meses, para defender a una abogada que es socia de la secretaria general de la Contraloría en su bufete privado, al mismo tiempo que se desempeña como empleada de esta institución, al servicio, precisamente, de su socia en el sector privado. Por cierto, siento curiosidad por saber si esa relación de interés no representa un conflicto. La pregunta me la hago yo, pero evidentemente para el contralor ese tema carece de importancia.

Solís tuvo la oportunidad de destacarse en la pandemia, que ha sido la excusa para que más de cuatro políticos le hayan sacado provecho y algunas decenas de empresarios inescrupulosos se hayan forrado. Pero se las arregló muy bien para ser igual que una botella.. de seco Herrerano en una rumba de carnaval: vista y desaparecida… aunque la otra definición también podría ajustarse, dado su abnegado y comprobado compromiso con la nada.

Me gustaría que Solís fuera tan diligente en sus labores oficiales como lo ha sido con su moto; que el olor del humo de su habano no ocultara el aromático olor de los mameyes por los que se hizo famoso el diputado Manuel De La Hoz (1999-2009). Quisiera creer que Solís no está trabajando para su jubilación, porque se supone que está nombrado para ver que las cosas se hagan bien y no para su bien.

Por eso, me he propuesto pensar bien, algo que va contra natura, pues no soy creyente de la divinidad humana ni de la fe en la política ni en los políticos. Quizá Solís nos pueda demostrar que su labor al frente de la Contraloría no tiene nada que ver con la fe, que hay cosas concretas y verificables que hablen bien de él. Y que, aunque no ha parado los goles de chilena del presente ni del pasado, lo empiece a hacer ahora. Voy a sentarme a esperar que lo haga.

No podré evitar que todo el mundo siga preguntándose si hay un palo de mamey en la Contraloría, pero, por si las moscas, no voy a contener la respiración mientras espero que el contralor demuestre que está en control por el bienestar del país. Confieso no ser hombre de fe.


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