Miles de ciudadanos de todo el mundo, incluidos líderes cívicos, comunitarios, de derechos humanos, jueces y magistrados, políticos y periodistas, hemos recibido con gran complacencia la noticia de que el Departamento de Comercio de Estados Unidos incluyó en su lista negra de empresas a la israelí NSO Group, fabricante del programa de espionaje Pegasus.
Este fue el programa usado en el gobierno de Ricardo Martinelli para espiar no a 150, sino a centenares más de ciudadanos. Esa información permanece parcialmente oculta, pues muchos sabemos para qué, cuándo y con qué propósito se ha usado, así como sospechamos en manos de quién está. ¡Ah!, pero no todo el espionaje ilegal está en los discos recuperados, base del juicio de los pinchazos.
Pensemos en lo siguiente: durante cinco años, el Consejo de Seguridad Nacional estuvo espiando a cientos de ciudadanos panameños. Usó varios programas de espionaje, pero el más exitoso fue Pegasus, capaz de convertir un celular en una fuente de copiosa información, que incluía los chats de la víctima objetivo y sus fotografías. También podía activar el GPS, la cámara y el micrófono del aparato. Todo esto, a espaldas de la víctima.
En los años de la dictadura, Noriega era el destinatario de cientos de informes de seguimiento a opositores; transcripciones de llamadas telefónicas. Eran cajas y cajas de información que sabía usar muy bien, pues si bien su poder provenía de las armas, la información lo ayudó a sostenerse en el poder sin llegar a un grado de violencia que pudiera llamar tanto la atención internacional.
Entonces, ¿dónde están las miles de horas de grabación de audio de las víctimas? ¿Dónde están las decenas de miles de fotografías sustraídas de los teléfonos de las víctimas? ¿Dónde están los millares de chats y documentos transmitidos por internet, extraídos de las comunicaciones privadas de las víctimas? ¿Dónde están los reportes digitalizados de seguimiento? ¿Dónde están las cientos de horas de video de los celulares que ellos grabaron sin autorización de las víctimas? Lo que hay no es todo.
Lo que ha aparecido en el juicio de los pinchazos es solo una pequeña fracción de lo que se espió en el gobierno de Martinelli. No esperemos que todo ese material aparezca en cajas. Hoy, tal arsenal de información es fácil tenerlo a mano. Basta una laptop o computadora dotada de buena memoria. O un pen drive o un disco duro portátil, tan fácil de esconder como una llave. La llave de la caja de Pandora. Y no tengo dudas de que se usará. Los VarelaLeaks así lo prueban.
La información es el arma más letal y poderosa que se conozca. Con esta se controla –sin armas– a personas, políticos, líderes, periodistas, jueces... incluso, gobiernos. Bien lo dijo ese que prometió tener mucho más poder cuando saliera de la Presidencia y el mismo al que la exembajadora de Estados Unidos describió como un consumado acosador y chantajista.
El gobierno de Israel y NSO Group dicen estar consternados por la decisión de Estados Unidos. Pero no lo están de haber proporcionado a inescrupulosos una de sus armas más poderosas, usada contra miles de víctimas inocentes en todo el mundo y que dieron poder sobre ellos a enfermos metales, sociópatas y a los más repugnantes seres que pisan la tierra.

