Detrás de cada jaula del Parque Municipal Summit hay una historia, aunque no siempre con un final feliz.
El Summit, como es conocido popularmente, no es un zoológico, sino un jardín botánico y un refugio de vida silvestre, cuyos habitantes, algunas veces, han sido rescatados por la Autoridad Nacional del Ambiente (Anam) al ser mantenidos como mascotas.
Los animales llegan al parque porque, según dicen los dueños, no pueden continuar con la crianza ya que crecen demasiado o su comportamiento cambia con el desarrollo.
En otros casos, porque han sido encontrados en malas condiciones o heridos. Lo peor de todo es que cuando los llevan al parque vienen deshidratados, desnutridos y enfermos.
“Muchas veces la situación es irreversible”, explica Elena Castejón, directora del Patronato del Parque Municipal Summit.
La experta en rescate animal, que es voluntaria, explica que en el parque no se dan abasto por la cantidad de animales que ingresan a las jaulas.
Además, lo ideal es que el animal –que en su mayoría son monos, aves y felinos– pueda regresar a su medio natural, pero al depender tanto de la alimentación y el cuidado que le da el hombre, se han vuelto dependientes y ya no pueden volver a su hábitat.
Añadió que hay diferentes maneras de ayudar al patronato, con tiempo o dinero, para facilitar la labor de los voluntarios del parque.

