Rigoberto Solano (nombre ficticio) ostenta el rango de cabo segundo de la Policía Nacional y usualmente está asignado a las tareas de patrullaje policial en el área de Calidonia, San Miguel y San Joaquín, en el distrito de Panamá, y en el distrito de San Miguelito –lugares en los que operan pandillas–, pero su momento más difícil, hasta ahora, no lo enfrentó en las calles sino en una cama de hospital tras contraer el Covid-19.
Casos, decesos y aislamiento
La Fuerza Pública registra a la fecha 246 funcionarios contagiados con Covid-19. De ese total, dos fallecieron, uno trabajaba en la Policía Nacional y otro en el Senafront. Por estos casos, se dispuso la cuarentena de 457 personas consideradas contactos de los agentes.
Solano relata que, luego de detectarse los primeros casos en Panamá y decretarse la cuarentena obligatoria por parte del Ministerio de Salud, fue asignado a la verificación de los salvoconductos de los transeúntes y conductores. Desconoce en qué momento se contagió de la enfermedad.
Explicó que un día, saliendo de su turno se dirigió a Aguadulce, provincia de Coclé, de donde es oriundo, y 24 horas después de estar en su residencia comenzó sentir “cierto malestar y un poco de tos”, y luego le apareció la fiebre, por lo que de inmediato se contactó con sus superiores, quienes lo trasladaron a la ciudad de Panamá, en donde le hicieron las pruebas y dio positivo por el nuevo coronavirus (SARS-Cov-2).
Toda su familia fue puesta en cuarentena por haber mantenido contacto con él, pero, a la fecha, ninguno ha mostrado síntomas de la enfermedad.
El agente narró que lo llevaron a un hotel-hospital, donde a cada rato le tomaban la temperatura, le sacaban muestras de sangre y le preguntaban cómo se sentía. Los primeros días todo fue bastante normal, afirmó, pero luego comenzó a sentir una gran debilidad, no respiraba bien y persistía la tos.
Ya con estos síntomas, fue trasladado a un hospital. Allí le realizaron análisis diarios. Afirma que un día escuchó a los médicos decir que había probabilidades de que lo llevaran a cuidados intensivos. “Sentí mucho miedo”, dijo, por que sabía que muchos de los que eran traslados allí no regresaban.

Solano aseguró que estuvo muy mal durante tres o cuatro días, con problemas para respirar, pero poco a poco fue sintiendo algo de alivio y se pudo percatar que los médicos y enfermeras se sentían alegres por su evolución. Después de casi una semana en cuidados intensivos volvió a la sala.
“No supe cuál fue el tratamiento que me sirvió, pero agradezco a los médicos, enfermeras y todo el personal involucrado en mi atención, por que de no ser por ellos, no lo estaría contando”, indicó.
Solano volverá con su familia dentro de poco, tras superar la cuarentena de 14 días. Luego espera reintegrarse al servicio activo y continuar trabajando tal como lo ha hecho desde que egresó de la academia.
Para evitar la movilización de las unidades policiales hacia sus residencias, y así evitar posibles contagios, se ha dispuesto un programa en el que, tras culminar su turno, los policías son hospedados en hoteles que están relativamente próximos a sus puestos de servicio.
La medida de reducción de la movilidad de los agentes se adoptó tras señalamientos de que algunos, al retornar a sus pueblos de origen, podían ser portadores del virus.
La Fuerza Pública, integrada por la Policía Nacional, el Servicio Nacional de Fronteras (Senafront), el Servicio Nacional Aeronaval (Senan) y el Servicio de Protección Institucional (SPI) tienen a su cargo el cumplimiento de la cuarentena impuesta por las autoridades de Salud, lo que implica la aplicación de retenes, la detención de quienes violen la cuarentena y perseguir los delitos comunes.
