Y la alfombra roja que el pasado martes 23 de enero recibió en Panamá al papa Francisco –el mismo que al ser investido como el pontífice número 266 de la Iglesia católica, prefirió sentarse en una silla de madera por ser más apropiada para el hijo de un carpintero, que en una de oro–, lo despidió la tarde de ayer domingo.
El sucesor de Pedro llegó al Aeropuerto Internacional de Tocumen cerca de las 5:30 p.m. en medio de un fuerte dispositivo de seguridad. La seguridad apropiada para una personalidad como él, capaz, por ejemplo, de lograr que judíos, musulmanes y católicos trabajaran juntos durante la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ). En el aeropuerto lo esperaba un tumulto de feligreses y la prensa nacional e internacional.
También estaban presentes el presidente de la República, Juan Carlos Varela; la primera dama, Lorena Castillo de Varela; los ministros Jonathan Del Rosario (Seguridad Pública), Ramón Arosemena (Obras Públicas), Michelle Muschett (Desarrollo Social), Eduardo Enrique Carles (Desarrollo Agropecuario), Eida Varela de Chinchilla (Economía y Finanzas), Isabel de Saint Malo de Alvarado (Relaciones Exteriores) y Emilio Sempris (Ambiente); así como el contralor general de la República, Federico Humbert, entre otros representantes de los poderes públicos y altos jerarcas de la Iglesia católica.
Banderas panameñas y del Vaticano ondeaban en el atardecer, empujadas por el viento y por los gritos de los peregrinos que querían aprovechar esos últimos momentos de la JMJ para despedirse del papa.
La JMJ fue quizás el evento multitudinario más grande de la historia reciente del país, en el que la pasión y alegría desbordaron calles y avenidas de la capital durante los cinco días que duró la jornada, así como en varias ciudades del interior en la prejornada.
Los himnos de Panamá y del Vaticano sonaron como muestra de despedida, mientras los feligreses seguían llamando a Francisco, quien, como lo hizo en el resto de la jornada, rompió el protocolo para acercarse y bendecir a los presentes.
De nuevo, momentos de intenso júbilo se vivieron en la pista de la terminal aérea.

Poco después, acompañado por una banda de música que entonó el himno de la JMJ 2019, el pontífice recorrió el camino hasta las escalinatas del avión de Avianca matrícula N796AV que poco después lo llevaría a Roma. Lo hizo a través de una calle de honor integrada por funcionarios del Servicio de Protección Institucional y feligreses.
Mientras tanto, la tripulación de la aeronave lo esperaba arriba, para rendirle idéntico tributo.
Con aplausos y la mirada de un público fiel, el vuelo del papa Francisco despegó de suelo panameño a las 6:15 p.m.
Ya en el avión, mediante un tuit, dio las gracias a todo el pueblo panameño por haber abierto las puertas de su casa y acogido a tantos jóvenes provenientes de todas partes del mundo. “¡Que Santa María la Antigua bendiga y proteja Panamá!”, tuiteó.
Luego, en otro tuit, dio gracias a Dios “por habernos dado la posibilidad de compartir estos días y vivir nuevamente la Jornada Mundial de la Juventud. Gracias a todas las personas que nos han sostenido con su oración, y a quienes han colaborado con su esfuerzo y trabajo”.
Atrás, en en el istmo, dejó lecciones de humildad y conciliación.
