Las primeras consecuencias tangibles del resultado de la votación del brexit han sido primordialmente políticas.
Primero, ocasionó la renuncia del popular primer ministro David Cameron, quien apoyaba la permanencia británica en la Unión Europea.
Fueron sus propios ministros Boris Johnson y David Grove quienes encabezaron la campaña por la salida, lo cual demuestra una división clara del partido conservador.
Por su parte, el líder del partido Laborista, Jeremy Corbyn, quien también apoyaba la permanencia, parece haber perdido el control de su partido, tras aceptar la renuncia de la mitad de su gabinete y recibió un voto de “falta de confianza” por parte de sus copartidarios.
Mientras tanto, el parlamento escocés, liderado por la independentista Nicola Sturgeon, anunció que convocará un nuevo referéndum sobre la independencia de Escocia con el propósito de unirse por separado a la Unión Europea (UE).
En octubre, el Reino Unido tendrá un nuevo gobierno, que será el responsable de activar el artículo 50, que da inicio a los trámites de separación entre el Reino Unido y la UE, la cual finalizará después de un plazo de dos años, aunque las autoridades europeas esperan completar este proceso en menos tiempo.
Como ningún país miembro ha desertado hasta ahora de la UE, las autoridades de ambos lados se encuentran en territorio desconocido. Y las tensiones que desembocaron en estos resultados se encuentran más presentes que nunca. Mientras François Hollande, presidente de Francia, aboga por una separación tranquila y una convivencia pacífica, del otro lado, el presidente de la Unión Europea, Jean Claude Juncker, señaló en conferencia de prensa que considera que este no será un divorcio “amigable” entre las dos partes.