Lynne Cox tiene ahora 59 años, pero hace 29 años, en 1987, tranquilizó las gélidas aguas del estrecho de Bering entre Estados Unidos y la entonces Unión Soviética.
Su vida ahora transcurre entre charlas de motivación, escribir libros y contar su gran hazaña: “unir al mundo” en uno de los momentos más conflictivos de la conocida Guerra Fría, que enfrentó a estas potencias.
Lo de Cox, quien desde muy pequeña estuvo involucrada en la natación a distancias largas, no fue fácil. Debía cruzar el estrecho de Bering en temperaturas que llegaban hasta los 0 grados centígrados y vencer la gran muralla o frontera que habían establecido en aquel momento Estados Unidos y la Unión Soviética. Sus relaciones no eran buenas.
De hecho, le tomó 11 años obtener el permiso por parte de las autoridades soviéticas, mientras que el nado entre las islas Diómedes Menor, en Estados Unidos, y Diómedes Mayor, en la Unión Soviética, tardó 2 horas y 6 minutos. Sus implementos solo fueron un traje de baño y una gorra, a pesar de que la temperatura de ese día [7 de agosto de 1987] era entre 3 grados y 4 grados centígrados.
“Le temía a la hipotermia y no completar el nado... Era el agua más fría en la que jamás había nadado”, cuenta la atleta de aguas abiertas.
Ella decidió asumir ese reto porque la relación entre ambas regiones era “muy pobre”. Su intención era “mostrar lo cerca” que estaban ambas naciones y que ambas poblaciones podían reunirse a través de un acto muy simple como la natación.
Sus temores de aquel entonces también los comparte ahora: “tenía miedo de que hubiera una guerra nuclear y que los dos países se destruirían unos a otros y mucha de la vida en el planeta”.
Cox dice tener claro que el ser humano es el responsable de la vida en este planeta, por lo que debe buscar las maneras de trabajar en conjunto. A raíz de eso, narra que empezó a escribirle a los funcionarios de la Unión Soviética y los Estados Unidos.
Fueron necesarios 11 años y finalmente Mijaíl Gorbachov, entonces secretario del Partido Comunista de la Unión Soviética (1985-1989) y luego presidente de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (1989-1991), concedió el permiso para su travesía.
Cuando llegó el gran día en el que esta osada nadadora debía recorrer un poco más de 4 kilómetros había nervios, valor y diplomacia.
Solo recuerda que ingresó al agua y no paró de nadar supervisada por un equipo que le brindaría socorro por si algo salía mal. No obstante, en medio del frío lo logró.
Una vez llegó a suelo foráneo expresa que fueron recibidos por funcionarios soviéticos, autoridades de Siberia, deportistas, médicos, personal militar y medios de comunicación. No solo eso, ya que también esquimales de Siberia se reunieron con familiares de Alaska. Fue una celebración fantástica con comida y cantos. Fue la fiesta de la paz.
Tras eso se abrieron prácticamente las fronteras en esa zona. Esta atleta ayudó para que familias, que habían sido separadas por la frontera, fueran capaces de verse por primera vez en 48 años.
Asimismo, hubo intercambios culturales entre los dos países, e incluso Alaska Airlines comenzó a volar directamente desde Estados Unidos al lejano oriente de la Unión Soviética. En palabras de Cox “un puente internacional se estableció entre ambos lugares”.
Las buenas nuevas continuaron. El 8 de diciembre de 1987, es decir, cuatro meses después de esta hazaña, Gorbachov y el entonces presidente de los Estados Unidos, Ronald Reagan, firman el Tratado INF (siglas en inglés de Intermediate-Range Nuclear Forces), que eliminó los misiles balísticos y de crucero nucleares, o convencionales, cuyo rango estuviera entre 500 y 5500 kilómetros. Bajo este acuerdo, ambas partes tenían permiso para inspeccionar las instalaciones militares del otro.
Luego de muchos años, la nadadora insiste en que Rusia y Estados Unidos necesitan encontrar maneras de comunicarse y trabajar mejor, y propone el deporte como una herramienta importante para alcanzar ese fin.
Para ella en la unión está el éxito: “creo que mi legado es una idea que nunca envejecerá con el tiempo. Mi legado es que las personas de diferentes países y creencias puedan encontrar maneras de cooperar, construir amistades fuertes y hacer del mundo un lugar mejor para toda vida”.
