CONFUSIÓN. “Tengo el derecho a aspirar si Dios me da esa bendición y si mis compañeros me eligen para ser presidente de la Asamblea”, dijo el diputado Benicio Robinson. Añadió que otros miembros de su partido aspiran al cargo, y que como “el PRD lidera la mayoría de la Asamblea, le toca nuevamente llevar las riendas del Parlamento”. Señor Robinson, recuerde que lo que es de Dios, es de Dios, y lo que es del diablo, es del diablo.
LEALTADES. “Ricardo Torres, Crispiano Adames, Javier Sucre, Gonzálo González y creo que Kayra [Harding], tenían intención de aspirar”, dijo Robinson al referirse a qué otros diputados, además de él, aspiraban a la Presidencia del legislativo. No ha terminado la legislatura y ya comienza la carrera por el puesto de Marcos Castillero. ¿Habrá noche de cuchillos largos?
REVÉS. Gustavo Alejos, el protector de los príncipes en la base militar guatemalteca, ha sido invitado -sin poder rehusarse- a ser parte de la exclusiva Lista OFAC. Según el Departamento del Tesoro, Alejos trató de influir en el proceso de selección de magistrados a la Corte Suprema de Justicia (CSJ) y al Tribunal de Apelaciones. Para ello, habría facilitado pagos a congresistas y jueces de la CSJ, en coordinación con Felipe Alejos Lorenzana (este también entró a la misma lista), para influir en los resultados que aseguraría la futura liberación de Gustavo de la cárcel, desestimar los cargos de corrupción en su contra, y proteger a Felipe. Cualquier parecido con Panamá... no es coincidencia.
‘UPPERCUT’. Las malas lenguas aseguraban meses atrás que si Alejos concretaba su plan, también sus protegidos gozarían de la misma suerte, es decir, serían liberados para que fueran a comer carimañolas y hojaldres, mientras le sacaban la lengua al tío Sam. Ahora tendrán que buscar a un testaferro para darle dinero al protector, a menos que los remitentes se expongan a entrar, por carambola, en la Lista Clinton. En el encuentro boxístico que sostienen los pugilistas para no volver a la tierra de Mickey, el golpe a Alejos equivale a perder el protector bucal de un golpe que los ha llevado a la lona. Y la cuenta va por 8.