DELATOR. El padrino de los príncipes abandonó a sus adinerados ahijados. El señor, que movía los hilos en el palacio donde se alojan sus ahijados, logró salir de la jaula y ahora disfruta de reclusión domiciliaria, pero a un alto precio. Para empezar, entregó a agentes del FBI destacados en su país los números telefónicos de las aves en fuga (terminados en 781 y 123), lo que permitió vigilar sus llamadas y travesuras . Ahora, los príncipes desactivaron sus chips chapines y activaron nuevos, de Panamá, muertos de miedo, imaginando qué oyeron sus próximos carceleros.
TODO SE DERRUMBÓ. Antes de irse, el padrino –a cambio de dinero– logró sacar a sus ahijados de las jaulas de aislamiento donde fueron trasladados para prevenir vuelos sin permiso. Pero los muchachos ya no confían en él. Tratan ahora de estar seguros de que no les haya dejado micrófonos en sus estancias, idea nada descabellada, si eso significaba irse de allí. La buena noticia es que los chicos pueden hacer la cocina de sus sueños, pues el que se fue les dejó espacio.
CANTANTE. El padrino, ya acorralado, decidió colaborar con la justicia. Es probable que se haga acreedor de un Grammy Latino, pues está cantando más que Bad Bunny. Tras aparecer en la lista Engel de corruptos, el sujeto decidió comprar su violín. Y empezó a cantar sobre la elección de los magistrados de la Corte Suprema de Justicia y la Corte Constitucional. Nada quedó fuera.
HUNDIMIENTO. Los delatados por el padrino habrían recibido dinero para elegir a los miembros de esas cortes o eran intermediarios. El padrino tiene su propia lista Engel y en ella incluyó a decanos de derecho; jueces; magistrados; operadores políticos; diputados; empresarios del Comité Coordinador de Asociaciones Agrícolas, Comerciales, Industriales y Financieras; abogados y hasta un fiscal. Su concierto lo pondría, incluso, fuera de su país, libre como un ave.
NEGOCIACIÓN. Pero, además, el padrino aspira a salir de la lista Engel y, según se ha sabido, el sujeto pretende decirle al tío Sam –a cambio de aquello– lo que sabe de sus ahijados, que no es poco. Mientras, la reina madre viaja hoy a ver sus pichones. Seguro que tienen mucho que decirle de lo injusto que es la vida con ellos, especialmente su padrino, que los abandonó. Snif, snif.
