POR GUSTO. De tal padre, tal astilla. El rey de la lloradera y su hijo se presentan en sus respectivas audiencias ayudados de andadera y bastón, respectivamente. Pero a uno y otro se les veía bastante sanos en arranques, asados, parkings, parrandas, indistintamente de estar libres o presos. Si creen que alguien les va a otorgar un Óscar por tan pésimas actuaciones, es mejor que se quiten esa idea de la cabeza. Hasta el bin bin era más convincente, y eso que era de los peores actores.
¡A TRABAJAR YA! Los hoteles estuvieron llenos en el interior del país. Pero los huecos en las calles ayudan poco a sostener el interés de los visitantes. Por ejemplo, los usuarios de las recientemente “reparadas” calles del Valle de Antón no demoran en volver a la protesta porque, pese a que no han pasado ni dos meses del parcheo, las calles están volviendo al estado ruinoso de hace unos meses. Está claro que el ministro Sabonge nació para ser martillo: le llueven tantos clavos como críticas.
CURIOSIDAD. ¿Por qué en el nodo de transparencia de la Autoridad del Canal solo aparece información parcial de lo que ganan algunos de sus trabajadores? ¿No sería más transparente publicar también las bonificaciones que reciben? Eso también es información pública. Y, por cierto, la Caja de Seguro Social debería examinar con más atención algunos de estos pagos porque, siendo tan altos, no pagan cuotas, como el resto de los mortales.
GUARIDA. La cueva del Parlacen emitió un mensaje para “saludar” el proceso electoral en Nicaragua, “con el que su pueblo reitera soberanamente su vocación por la paz y la reconciliación”. Lo único soberano en esa farsa , es el disparate que resultó electo gobernante. Solo les faltó felicitarlos por encarcelar y perseguir a todos los dirigentes de la oposición. Por este mensaje, Panamá debería retirarse ya del Parlacen. Ahora sí, para siempre.
CHANCHURÉCORD. Dicen que el salón de la fama de los deportistas panameños costará $14 millones. El primero en entrar a ese salón es el que decidió pagar semejante suma de dinero. La imaginación para estos chanchullos es de un campeón, sin duda.
