SOMETIDO. La carta que el presidente del Club Deportivo Unión Española envió a Ricardo Martinelli tiene más ingredientes que una paella… Empezando por las “disculpas por la invasión de la privacidad”, lo que en panameño significa que las amenazas de demanda a veces funcionan. Lo que huele a marisco descompuesto es el anuncio de interposición de “acciones penales” en nombre del club. La carta la firma el presidente de ese centro social, José Gabriel Montenegro, quien, casualmente, es el actual director de Anati. Llama la atención tanta mansedumbre. Lo único que le faltó prometer en esa carta es que se va a inscribir en RM.
FUNCIONARIO. El expeluquero Amado Arjona, al ser entrevistado a la salida del Ministerio Público cuando fue a declarar “voluntariamente”, dijo que actualmente trabaja con un diputado. En efecto, está en la planilla del Legislativo, como “asistente administrativo II” y salario de $2 mil al mes. Inició funciones el 2 de julio de 2021, en plena pandemia, un día después de la elección de Crispiano Adames como presidente de ese órgano. Cuando una periodista le preguntó a Arjona si podía saber con cuál diputado trabaja, contestó con un “no” más tajante que una navaja. Quién sabe por qué no se atreve a decir a órdenes de quién trabaja, pero pocas razones edificantes vienen a la mente.
TARDANZA. Finalmente, en la Gaceta Oficial del pasado miércoles, salió publicado el fallo de la Corte Suprema de Justicia que hace cuatro años declaró que es inconstitucional el contrato ley de Minera Petaquilla, y su consecuente “aclaración”, con fecha 28 de junio de 2021. Menos mal que ese fallo no es una ley que rige a partir de su promulgación.
PASTA Y GASS. El alcalde José Luis Fábrega y su suplente Judy Meana han firmado la pipa de la paz. Aunque en un cuento de hadas eso solo podría ser una buena noticia, en Panamá siempre hay una oportunidad para una historia de terror. Y es que en lugar de traer al alcalde a caminos más transparentes, ese acercamiento parece haberse llevado a Meana al lado oscuro de la Alcaldía. Ayer, ella defendía vigorosamente el inaudito presupuesto de $330 millones para 2022, como si esa estimación tuviera pies y cabeza. Ojalá viviéramos en un cómic, de esos donde el bien siempre triunfa sobre el mal.
