TONGO BOTAO. Por los pasillos del Ministerio de Seguridad corren rumores de que pronto tendrán nuevo jefe... o jefa. Se habla de que Juan Pino, el actual ministro, sería reemplazado por la ministra de Gobierno, Janaina Tewaney. Lo cierto es que el rumor ha causado roces entre ambos. En todo caso, habrá que esperar si el presidente Cortizo se decide.
OLÉ. La Audiencia Nacional de España ya recibió respuesta a las asistencias que pidió a Panamá sobre los sobornos que FCC pagó a cambio de contratos millonarios con el Estado. Según el diario digital Vozpopuli, la Audiencia tiene interés en tomar declaración, “en calidad de testigos”, a Frankie Martinelli y Riccardo Francolini. Javier Caraballo debería interesarse por este asunto y desde ya gestionar la restitución de los fondos y bienes cautelados. Empezando por el apartamento en Los Jerónimos y las cuentas en Novo Banco. Eso, solo en Madrid.
TRAMPANTOJO. Guillermo Ferrufino debe tener un humor muy negro, ya que ayer circulaba por el juzgado, cubriendo sus manos con una bufanda. Parecía que iba esposado, lo cual, con sus antecedentes, no resulta muy remoto. Habrá pensado que era una buena broma para el día de los inocentes.
ANHELOS. En la cuenta del Ifarhu en Facebook, el director de la mencionada institución, Bernardo Meneses, aparece tantas veces en las fotos, que uno pensaría que es diputado... o que buscará serlo. Lo mismo ocurre con Óscar Ramos, el director de la Ampyme, más retratado que la esclusa de Miraflores. Si es así, ¿no creen que es deshonesto usar recursos del Estado para promoverse como directores de instituciones, pero con ulteriores intenciones electorales? Y si no es así... que lo digan.
ESPEJOS POR ORO. Por los lados de Veraguas, algunos se están quejando porque empresas que llevan a cabo obras de infraestructura en Mariato, Atalaya y Santiago, en vez de pagar los impuestos municipales de construcción a cada uno de los tres municipios, están engatusando a las autoridades locales, en especial en Mariato y Atalaya, para evitar el tributo a cambio de trabajos que no valen ni un par de guayabas. ¡Vivo!
