AFERRADOS. Juan Carlos de Borbón, el rey del “¿por qué no te callas?”, que por cierto almorzó con el capo panameño en estos días, dimitió para dar paso al saneamiento de la monarquía. Unos dimiten, otros renuncian, otros se jubilan... pero aquí... antes muertos que soltar la papa.
DESMEMORIADO. En su actitud de casi prócer, el exmagistrado Alberto Cigarruista salió ayer, indignado, a contar un poco cómo se hacen las porquerías electorales en este país. Es cierto que somos olvidadizos y desmemoriados, pero no se equivoque, que de la historia de su ratificación y del caso Cemis no nos hemos olvidado.
DESCARADOS. Los diputados pasaron las dos primeras semanas de las sesiones extraordinarias sin aprobar un solo proyecto, alegando que no había ninguno en agenda. Hoy sí había, pero perdieron otro día porque no tenían los votos suficientes. Si no es por Chana es por Juana, pero de vagos no salen.
YO NO FUI. Dicen que todo lo malo se pega. Como misifuso, Roberto Henríquez ya dice una cosa y después echa para atrás. El sábado, luego del juicio de Ana Matilde Gómez (que fue después del día que fallaron en el caso de María del Pilar Hurtado), dijo que la justicia se orientaba hacia la dirección del poder real, “algo que no parece haber cambiado”. Tras la lluvia de críticas por dejar entrever la larga mano de Martinelli en temas judiciales, dijo que cuando tuiteó eso se refería al tema de Hurtado. Nuestra culpa, ministro. Como siempre, Panamá entero entiende mal.