TAL CUAL

DESCARO. La junta comunal de Playa Leona, en La Chorrera, obtuvo 5.8 millones de dólares provenientes de las arcas del Estado entre 2013 y 2014 –en plena campaña electoral– según un informe del Ministerio de Economía y Finanzas, elaborado en las postrimerías de la gestión de Frank De Lima. Esa fue una de las razones por las que Lilia Batista fue impugnada como representante de Playa Leona y alcaldesa de La Chorrera, cargo por el que también compitió. Pero, por razones burocráticas, se le permitió permanecer en el puesto que ocupaba mientras se resuelve el caso. Acostumbrada a manejarse entre millones de dólares, la funcionaria se queja hoy día con amargura de falta de presupuesto. ¿Cómo se le llama a eso?

AVARICIA. En este país parece un deporte tomarse la propiedad ajena, especialmente si es municipal o estatal. Y no se trata solo de las consabidas invasiones, sino el acaparamiento de terrenos como en Paitilla y otros lugares costosos. El mejor ejemplo es lo que ocurre con el parque de Hato Pintado, donde una promotora reclama un pedazo de área pública. Invasores de cuello blanco.

´YO PRIMERO´. Escribir en mayúscula cerrada por sí solo es un mensaje. He aquí un reto: lean entre líneas todos los significados que hay en el texto que le escribió Martinelli a Ferrufino ayer: “YO y todo Panamá estamos a la espera de las pruebas que usted y su abogado me dijeron que presentarían...”.

HARAGANES. Así de simple definían nuestros abuelos a los muchachos que ni trabajaban ni estudiaban. Ahora se usa un eufemismo políticamente correcto, “ninis”, que hasta los hace parecer divertidos y modelos a seguir. Si no nos creemos a nosotros mismos sobre los atolladeros de nuestra educación, hagamos la consulta a una famosa pedagoga sueca, llamada Inger Enkvist. Palabras más palabras menos, dirá que el problema es que prima la ley del menor esfuerzo, especialmente en tiempos de abundancia.

Edición Impresa