AMBIENTE. LA NATURALEZA EN LOS OBSTÁCULOS DE LA URBE.

Las tortugas del Casco

En los reciente años se han registrado varios nacimientos de tortugas en San Felipe, pese a las construcciones y a la contaminación.

Las tortugas del Casco
Las tortugas abandonaron el nido el pasado 11 de agosto, tras pasar unos 65 días bajo la arena. CORTESÍA/Avaca.

Casi al alba del 11 de agosto pasado, Nacho caminaba por la playa Santo Domingo de San Felipe cuando tuvo un encuentro inesperado con uno de los espectáculos que ofrece la naturaleza: decenas de crías de tortuga emergían de la arena en su búsqueda instintiva del mar.

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Las tortugas del Casco

Nacho, vecino de San Felipe, de inmediato las retrató con su celular y las ayudó a llegar hasta el agua.

Más adelante, la Asociación Vecinos y Amigos del Casto Antiguo (Avaca) compartió en su página web tanto la experiencia de Nacho como las fotos, que no tardaron en circular en las redes sociales donde fueron celebradas entre sentimientos encontrados de dicha y de sorpresa.

EL ANTES

Las tortugas llegan a desovar en las playas de San Felipe desde siempre, pero pocas lo hacen ahora, acota Gabriela Etchelecu, docente de ciencias ambientales y exdirectora de la Fundación MarViva.

Razones para que se hayan alejado sobran. Etchelecu detalla algunas: el ruido producto de la actividad humana, la contaminación, la luz eléctrica, las construcciones costeras, extracción de arena y un largo etcétera.

Solo regresan las hembras que, al alcanzar su adultez unos 15 o 20 años después, viajan hasta al lugar donde nacieron para depositar sus huevos, explica Argelis Ruiz, bióloga e investigadora del Instituto Smithsonian de Investigaciones Tropicales.

Ese fue el caso de la madre de la reciente camada de tortugas del Casco Antiguo.

Un puñado de vecinos del lugar fue testigo del desove nocturno del 5 de junio pasado. Hildegard Vásquez estuvo allí y dice que es la segunda vez en 18 años de residir en la zona que se entera del nacimiento de tortugas en los remanentes costeros de San Felipe.

Avaca lleva poco menos de un lustro registrando los nacimientos de tortugas. Se había dado al menos un caso anual, hasta que se levantó la barrera de rocas alrededor del Casco Antiguo para transportar el equipo y material de la cinta costera tres, cuenta Patricia Pinzón, representante de Avaca.

No tuvieron más visitas de tortugas hasta ahora.

A Ruiz, que lleva alrededor de 35 años dedicados al estudio de reptiles marinos, le sorprende cómo ni la contaminación ni la cinta costera III ni ninguno de los obstáculos han podido detener a las tortugas del Casco. Inmejorable prueba de la resistencia de la naturaleza.

Tiempo atrás, cuando el país empezaba su vida republicana, el arribo de tortugas era común en la bahía panameña, comenta Ruiz. Hoy solo se conocen los casos esporádicos de San Felipe y en Punta Culebra, Amador.

En esa línea del ayer, Pinzón recuerda haber leído una revista de 1941 que mostraba la riqueza natural de la zona por entonces, confirmando las historias que le contaba su padre sobre todas las especies marinas que desde allí se avistaban.

Panamá sigue teniendo la fortuna de recibir en sus litorales a cinco de las siete especies de tortugas marinas del mundo, todas en peligro de extinción, acota Ruiz.

Las del Casco Antiguo son de la especie lora o lepidochelys olivace.

En tiempo de desove los puntos favoritos son isla Cañas y Tonosí, en Azuero, donde miles de tortugas hembras convergen en algún momento entre julio y septiembre. Al suceso se le conoce como “arribada”.

¿Qué hay que hacer en caso de encontrar una tortuga desovando? No hay que hacer nada. Alejarse y, si se quiere, observar sin intervenir, y por supuesto, no tocar el nido, señala Etchelecu.

Avaca planea organizar dentro de poco una charla de docencia con la bióloga Ruiz. Una vez confirmen detalles lo anunciarán. El objetivo es fomentar el cuidado de las tortugas del Casco Antiguo y resaltar que a pesar del impacto humano la naturaleza intente mantener su curso.

Las tortugas de San Felipe no son los únicos visitantes “extraños” en las costas de la capital panameña. A finales de junio pasado causó asombro en redes sociales un león marino que fue grabado entre las rocas descubiertas en la bahía de Panamá.

A pesar del sobresalto plural, la presencia de leones marinos no es inédita. Vienen desde hace años y muchos habitantes de áreas costeras los han visto, comenta la ambientalista Gabriela Etchelecu. El reciente caso se siente como una novedad porque fue captado por las cámaras de los celulares y compartido en el universo online para socializar. “Se cree que viajan por el corredor marino que pasa por Galápagos, Malpelo, Coiba y Cocos, pescando en cada punto.

Como son mamíferos, necesitan tocar tierra para descansar”, acota. Igual que las tortugas, añade Etchelecu, un león marino no debe ser molestado.

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