El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, comenzó ayer su última jornada completa en la Casa Blanca con una larga lista de indultos bajo el brazo, horas antes de ausentarse de la toma de posesión de su sucesor, el demócrata Joe Biden.
Trump se mantuvo en silencio mientras el reloj avanzaba hacia su partida.
Desde que Twitter lo vetó por sus constantes mensajes incendiarios y de desinformación, el mandatario dejó prácticamente de comunicarse con los ciudadanos.
Trump no felicitó a Biden ni lo invitó a la tradicional taza de té previa a la investidura en la Oficina Oval. En cambio, pasó sus últimas jornadas reuniéndose con un círculo cada vez más exiguo de leales que lo respaldaron durante dos meses en su esfuerzo inútil de anular los resultados de las elecciones de noviembre.
Para el magnate republicano, el principal asunto pendiente es la lista de indultos que, según medios estadounidenses, sería de unas 100 personas, y los más controvertidos serían para personas como Edward Snowden, Julian Assange y Stephen Bannon, el influyente asesor de Trump.

