El rey Momo no saldrá. En plena segunda ola de la pandemia, con un promedio de más de mil muertes por día y con la vacunación aún incipiente, Brasil se vio obligado a cancelar la fiesta más popular del país, que el año pasado atrajo a casi 2 millones de turistas y movió unos $750 millones, solo en Río de Janeiro.
Ayer, el Sambódromo fue utilizado para vacunar a pacientes de edad avanzada y, un día antes, en ese mismo lugar fue inaugurado un espectáculo de luces en homenaje a las víctimas de la Covid-19.
La iluminación incluyó los colores de cada una de las escuelas de samba de la ciudad.
