En las cárceles de Panamá todo cuesta dinero. Testimonios de quienes han dejado la prisión revelan que tener un simple jabón de baño o una pasta dental puede llegar a costar $5. Introducir armas de grueso calibre, como las decomisadas luego de la masacre de La Joyita, implica pagar hasta $5 mil.
Un expresidiario de La Joyita, que pidió el anonimato, relató que un cartón para ser utilizado como cama puede valer hasta $8, y un pequeño abanico para mitigar el calor puede costar hasta el doble de su valor en el mercado. “Todo se cobra en la cárcel. Cualquier artículo que se necesite requiere de un pago, ya que sea a quienes se encargan de la seguridad, o si se compran en los comisariatos que existen en los penales”, aseguró.
En las celdas, lugares donde impera el hacinamiento, se puede pagar hasta casi $100 por una vieja hamaca que a veces debe compartirse con otros internos.
“El negociado”
El abogado Carlos Herrera Morán, de la Comisión de Derechos Humanos del Colegio Nacional de Abogados (CNA), aseguró que en los centros penitenciarios existe “un negociado” con los artículos de primera necesidad, así como también por el acceso a las diligencias judiciales.
Según Morán, en los llamado “paquitos” o tiendas de los penales, lugares en los que, por ejemplo, se vende arroz, lentejas, sodas, jabones, pastas dentales o cigarrillos, todos los artículos tienen precios que doblan o triplican lo que cuestan en el mercado. Moran relató que la operación de estos comisariatos es asignada por los gobiernos “sin realizar licitación pública” y sin que se conozcan los criterios para otorgarlos.
El abogado denunció que a los presos se les cobra hasta $100 para su traslado a las audiencias o diligencias judiciales, y que si otro interno paga más dinero por ese mismo cupo, el que realizó el primer pago es bajado del transporte y su puesto es ocupado por aquel que desembolsó más plata.

El Mercado Negro
En las cárceles también se mueven productos y artículos prohibidos: armas, licores y teléfonos celulares.
Herrera Morán detalló que introducir un fusil Ak-47 puede costar hasta $ 5 mil, y una pistola hasta $2 mil. Por una botella de licor se puede llegar a pagar $100, como si se tratara de un hotel de lujo.
Otro interno que pidió el anonimato reconoció haber pagado hasta $50 por meter un cuchillo a la cárcel. Otros presos se las ingenian para afilar platinas o hacer chuzos con los cepillos de dientes para repeler cualquier agresión. Morán responsabilizó a la policía de participar en este mercado negro.
La mayoría de los objetos se introducen en horas de la noche. Algunas veces llegan a través de carros o camiones que prestan algún servicio al penal.
Mirada externa
Un informe de la Oficina Regional de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito para Centroamérica y el Caribe advierte que entre las causas de los actos de corrupción en las cárceles panameñas figuran la burocracia, la baja remuneración de los funcionarios, la escasa probabilidad de penalización, la falta de mecanismos de control y el mal ejemplo de los líderes de la administración pública.
En Panamá, según el informe, muchos de los procesos de concesión de beneficios y derechos de los privados de libertad están sujetos a un alto poder discrecional de los funcionarios del Sistema Penitenciario.
