ANÁLISIS

Un virus llamado salario de los diputados suplentes

Un virus llamado salario de los diputados suplentes
Palacio Justo Arosemena, sede de la Asamblea. Archivo

La propuesta aprobada por la mayoría de la Comisión de Credenciales esta semana, para que los diputados suplentes tengan un salario, es el esfuerzo más reciente de un proceso que tiene años.

Al principio, los suplentes no tenían salario alguno. Era casi una posición honoraria, que correspondía a una concepción rural de la actividad política. El cargo de suplente es un resabio de las constituciones del siglo XX y correspondía a una realidad muy distinta a la actual. El Órgano Legislativo se reunía por escasos meses, y la mayor parte del tiempo el diputado llevaba adelante su vida personal con sus propios recursos. Era la época de los diputados cañeros, bananeros, cementeros, cerveceros, y otros que representaban un poder económico o un interés político específico. Esa época se acabó en 1968.

Durante el régimen militar se intentaron tres modelos legislativos: la Asamblea Nacional de Representantes de Corregimiento, el Consejo Nacional de Legislación y la Asamblea Legislativa.

La Asamblea Nacional de Representantes de Corregimiento, conocida también como la de los 505, funcionó de 1972 a 1984. Estaba modelada en la asamblea cubana, y era el poder popular del régimen. Su principal función fue la de elegir al presidente de la República (Demetrio Basilio Lakas en 1972 y Aristides Royo en 1978).

Muy pronto se hizo claro que era difícil gestionar leyes y asuntos de Estado con 505 representantes y sus suplentes. Como parte del veranillo democrático de 1980, apareció el Consejo Nacional de Legislación, compuesto de legisladores provinciales, que se constituyó en un aguerrido frente de batalla para la emergente oposición democrática, como Arnulfo Escalona (padre) y César Pereira Burgos, como dos ejemplos. Este cuerpo, por la coyuntura política, fue la transición hacia la Asamblea Legislativa de 1984. La transición democrática fomentó las alianzas partidarias, y el suplente se volvió una ficha clave en las elecciones y en el balance del poder.

Para cuando la Asamblea Legislativa se cambió el nombre a Asamblea Nacional, en 2004, el poder de los diputados suplentes ya estaba cimentado. Los esfuerzos más destacados para controlar la doble remuneración de los suplentes o sus múltiples cargos públicos fueron una tarea que el excontralor Federico Humbert asumió, pero la Corte Suprema le dio la razón demasiado tarde.

Los suplentes siguen siendo un factor de poder político, y esa dinámica empujará a la Asamblea Nacional a seguir atentando contra contra la Constitución.

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