Hoy habla Adriana Rincón, presidenta del semanario local El Venezolano y una de las voces más reconocidas de esa comunidad en Panamá.
El discurso de Hugo Chávez se sustentaba en el odio. El de Nicolás Maduro igual. ¿Ve políticos aquí que basen su discurso en el odio?
El lenguaje se está calentando y temo que, por decir lo que la gente quiere oír, nos desunan como sociedad.
¿Qué es lo que ‘la gente’ quiere oír?
Paternalismo. Temen que los desplacen en el trabajo. Si les dices que no tienen trabajo por los extranjeros y no por su educación, los haces más dependientes e ignorantes. Pero pareciera que eso no les importa a los políticos.
¿Juan Carlos Varela afecta a Maduro con la medida de pedir visas a los venezolanos, como dijo él?
Claro que no. A Maduro ni le importó: ni les puso visa a los panameños ni tuvo consecuencias diplomáticas. Lo que causó fue revuelo en la comunidad venezolana que tenía planes de migrar a Panamá y, a los que ya estamos acá, se nos complica traer a nuestros familiares.
Igual pueden venir...
Solo se puede estampar la visa en Caracas. A los del interior se les complica llegar.
Bueno, estamos claras de que esa es la decisión soberana de un país que además los ha acogido sin obligación de hacerlo, ¿no?
Sí, y por supuesto que la vamos a acoger con el respeto que merece.
¿Qué pensó cuando oyó la cadena nacional?
Que exacerbaría el rechazo en redes. Se pudo haber enviado por comunicado. Lo vi como un acto político, una cortina de humo para tapar problemas de ambos países.
¿Aunque se anunció una medida humanitaria como darles papeles a los venezolanos que están aquí?
Eso fue un acto de muy buena fe. Quizá la forma de comunicarlo hizo que se perdiera ese mensaje, que agradecemos profundamente.
Usted critica la separación de poderes en su país. ¿Qué piensa de la separación de poderes aquí?
Como comunidad extranjera tratamos de no meternos en la política, pero no somos ciegos. Y parte de lo que vivimos en Venezuela es consecuencia de ello.
¿Apoyaría usted una invasión de Estados Unidos en su país?
Estar aquí y hablar con panameños me hace entender las heridas que Panamá todavía tiene por la invasión. Sería una salida rápida, pero traería consecuencias fatales. Además, sería muy cómodo decir que sí estando en un país democrático.
¿Le ve fin a Maduro?
Sí. Y soy pragmática. La asfixia económica de Estados Unidos contra el Gobierno y personas del régimen puede acelerarlo. Es cuestión de tiempo. No veo más al Gobierno participando en elecciones presidenciales [son a finales de 2018].
¿Ve a la oposición consistente?
No. Las elecciones regionales [en octubre] sacaron a relucir apetencias particulares y, de nuevo, se divorciaron de la voluntad popular.
Tres restaurantes venezolanos en Panamá que de verdad saben a arepa.
Vía Arepa, panadería Los Venezolanos y los domingos en Spice Market.
Llegó hace 10 años a Panamá. ¿Qué distingue al venezolano que llegaba entonces y al que llega hoy?
Antes apostábamos familia y empresa. Veníamos planificados. Ahora vienen a ver qué consiguen. Son capaces de hacer cualquier trabajo.
Un mea culpa de los venezolanos en Panamá.
Arrogancia. Trasladamos los problemas que traemos. Intolerancia, hostilidad…
¿Siente que el panameño es xenófobo?
En general no, pero sí hay una pequeña y en crecimiento inducida por organizaciones financiadas por la izquierda y el régimen venezolano. La embajada venezolana... Si esto no lo paramos, será difícil erradicarlo.
¿Por qué cree que los panameños hacen una diferencia entre los venezolanos y los demás migrantes?
Han sido muchos venezolanos en poco tiempo. Y el idioma y querer mezclarnos como locales nos hace olvidar que en casa ajena debemos portarnos con respeto.
¿Qué recomendaría a panameños y venezolanos para mejorar la relación?
Empatía. Aquí llega gente con hambre. Al menos hasta el 1 de octubre, ja, ja. Y el venezolano, que no llegue aquí a lamentarse, si aquí la gente vive feliz...
¿Tienen tanto parecido cultural con otro país?
El venezolano se siente mejor aquí que en cualquier lado. Es el país más parecido... Ojalá puedan ir a Venezuela pronto. Les resultará familiar. He llevado panameños, pero desde hace dos años no voy ni yo.
¿Qué piensa cuando oye a panameños decir que vamos camino a Venezuela?
Que si el río suena, piedras trae. Mientras haya poblaciones sin agua ni educación, hay posibilidades de un Chávez que les pinte un país perfecto y se pueden equivocar, como nosotros.
¿Votó usted por él?
No, pero familiares sí.
¿Qué medida ve aquí que vio al comienzo de la dictadura venezolana?
Cuando se ofrecen viviendas gratis, becas o ayudas como lo llaman acá. Así comenzó Venezuela. Eso embrutece a la gente para que no trabaje y reciba migajas.
¿Satisfecha de la posición del Gobierno panameño con la crisis venezolana?
Al principio no. La oferta de diálogo e intermediación de la Santa Sede iba a ser una burla. Maduro, de hecho, se burló. De la dictadura no se sale con diálogos. Con el tiempo se ajustaron a la realidad. Solo la consciencia y la presión internacional provocarán el fin. Uno abrupto.
¿Qué lecciones podría aprender el panameño de lo que ocurre en Venezuela?
Cuidar su voto y exigir programas de gobierno, no promesas electorales.
¿Qué tan complejo es legalizarse en Panamá?
La complejidad es allá... Cada vez cuesta más conseguir el récord policivo, el apostillado, la certificación de título universitario y, mucho más, el pasaporte.
¿En Panamá hay que pagar coima?
No, están establecidos los montos, que están entre los más altos de Latinoamérica: mil 300 dólares, y $500 por el permiso de trabajo [el salario mínimo es el equivalente a $28 al mes].
El peor ataque xenófobo que ha recibido.
En el programa de Diosdado Cabello me dicen la líder del golpismo venezolano en Panamá. Pero eso lejos de preocuparme, me honra.
Si el régimen de Maduro cae hoy, ¿qué porcentaje de los venezolanos en Panamá vuelve a su país?
Yo diría que el 30%.
¿Y cuánto cree que afectaría eso a Panamá?
No creo que impactaría.
¿Usted regresaría?
Volvería solo para reconocer el esfuerzo que han hecho panameños como Guillermo Ruiz, Susan Castillo, Willy Cochez y Olga Sinclair para acompañarnos en la lucha. Pero yo ya considero esta mi casa. Si me agarran mis últimos días aquí, estaré feliz.
