El Covid-19 llegó a todas las regiones del país. La última fue la comarca Ngäbe Buglé esta semana, una de las áreas del interior con los más altos índices de pobreza y de falta de personal de salud.
Ya en el área metropolitana (Panamá y Panamá Oeste) se comienza a ver escasez de personal sanitario -sobre todo de instensivistas- en las unidades de cuidados intensivos, donde también las camas están casi todas ocupadas por pacientes positivos.
Ahora, ¿qué ocurre en el interior del país? Actualmente hay provincias como Veraguas, Chiriquí y Coclé, en las que el virus está golpeando con fuerza y en las que se reporta la mayor cantidad de casos. En otras áreas, como Herrera, hay pocos casos confirmados, y una persona ya falleció.
Para Domingo Moreno, de la Comisión Médica Negociadora Nacional, será vital la estrategia que desarrollen las autoridades sanitarias en estas provincias tomando en cuenta dos aspectos: que, por décadas, estas poblaciones se han quejado de la falta de personal de Salud, así como de insumos médicos, y que este será el mes más complicado de la pandemia para Panamá, porque se conocerá la efectividad de la cuarentena absoluta.
El más reciente informe de la Contraloría General de la República, publicado en febrero pasado, muestra que en las comarcas no hay camas de cuidados intensivos; y que en las provincias la cifra es reducida.
Por ejemplo, en Bocas del Toro hay 2; en Coclé, 21; en Colón, 16; en Chiriquí, 61; en Herrera, 9; en Los Santos, 4, y en Veraguas, 6. En Darién no tienen habilitadas camas para cuidados intensivos.
De momento, las autoridades del Ministerio de Salud (Minsa) han contratado al menos 75 promotores de salud para la comarca Ngäbe Buglé, para promover las medidas de prevención del contagio y reforzar hábitos de higiene en idioma nativo.
En Coclé y Los Santos se han instalado cercos sanitarios, a partir de ayer.

Médicos
En el tema de la cantidad de médicos y enfermeras, la realidad también es compleja en estas áreas.
En 2019, Panamá tenía 6 mil 932 médicos y 6 mil 913 enfermeras para las más de 800 instalaciones del Minsa, la Caja de Seguro Social y otras dependencias sanitarias. Es decir, 13 mil 845 médicos y enfermeras para una población estimada de 4.1 millones de habitantes, lo que representa una densidad de 33.7 profesionales por cada 10 mil habitantes.
La densidad del país cumple con los estándares de la Organización Panamericana de la Salud, que la sitúa en 25 profesionales por cada 10 mil habitantes como rango mínimo. No obstante, la distribución no es equitativa y la carencia es notable en las provincias de Darién y Bocas del Toro, así como en las comarcas Ngäbe Buglé y Guna Yala. En esas áreas no se llega a 20 profesionales por cada 10 mil habitantes.
Por ejemplo, en Darién solo hay 72 médicos y enfermeras para atender una población de 57 mil 143 personas. Mientras, en Guna Yala hay 60 médicos y enfermeras, y en Ngäbe Buglé, 53.
Según Moreno, en Chiriquí se habilitaron 32 camas para cuidados críticos en el nuevo Hospital Rafael Hernández, pero no hay insumos.
“Definitivamente, la falta de recurso puede afectar en la atención de pacientes contra el virus, por lo que hay que disponer de todo el recurso humano que existe”, remarcó.
En ese sentido, Aris Ábrego, director de Comunicación del Minsa, informó que, desde que comenzó la pandemia, el sistema sanitario ha nombrado a 91 médicos nuevos, 112 enfermeras, 24 técnicos y 75 promotores de salud.
Detalló que, de ese total, en Veraguas, donde se reporta la mayor cantidad de casos en el interior del país, designaron a seis médicos, un intensivista y un neumólogo.
Además, en provincias como Chiriquí, Veraguas y Herrera, se habilitaron centros para la toma de muestras a los pacientes sospechosos.
En cuanto a insumos, precisó que están distribuyendo mascarillas en todo el país y dotando a algunos hospitales del interior de ventiladores mecánicos.
Abril, mes decisivo
El infectólogo y miembro del Comité Asesor por Coronavirus, Xavier Sáez-Llorens, explicó que este mes será decisivo.
En ese sentido, explicó que el número de casos nuevos aumentará y, lógicamente, se puede sobrecargar “peligrosamente” el recurso disponible en el sistema de salud en cuanto a camas hospitalarias, unidades de terapia intensiva, respiradores y médicos intensivistas.
“Cuando aplicas la cuarentena total, tarda dos semanas en verse reflejado el resultado de la medida. Es decir, el día de hoy estamos viendo el resultado de hace dos semanas, cuando las personas se infectaron. Esto significa que hay que esperar las próximas dos semanas para tener un panorama más claro”, detalló Sáez-Llorens, quien explicó que las medidas adoptadas por las autoridades, como abrir espacio a nuevas unidades de cuidados intensivos, agregar más camas y ventiladores, contratar más equipo humano y construir el hospital modular en Albrook, son las correctas.
Su balance final fue contundente y sencillo: todos tienen que poner de su parte, porque cada persona que viole la cuarentena contribuye a que el virus se siga propagando, que el sistema sanitario no pueda manejar la demanda y que el médico se vea obligado a decidir a quién pone en un respirador y a quién no. Eso sería un gran dilema ético, concluyó.
La evaluación de Cepal
Los sistemas de salud en América Latina están muy fragmentados, con servicios muy diferenciados, según la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal).
En la región existe una baja cantidad de camas de hospital por cada mil habitantes. Comparado con los países de Europa, que tienen un promedio de 6.2 por cada mil personas, en América Latina el promedio es de 2.2.
Los únicos países que tienen una disponibilidad de más de seis camas por cada mil habitantes son Cuba y Barbados. “Esto muestra una situación muy delicada en cuanto al acceso a la salud en la región”, según el organismo. También existe una baja cantidad de personas aseguradas, porque los que cotizan solo corresponden al 57% de la población, en promedio.
(Con información de Aleida Samaniego y Wilfredo Jordán)
