Los niños corren, saltan y coexisten con la naturaleza. Son curiosos y alegres, pero sobre todo, puros de corazón.
Si un día quiere salir de la rutina y tener una experiencia verdaderamente extraordinaria, no dude en visitar la comunidad de los emberá, a orillas del río Chagres, en la cuenca hidrográfica del Canal de Panamá.
Los emberá se instalaron allí entre las décadas de 1960 y 1970, y vivían de la pesca y la caza. El área fue declarada Parque Nacional en 1984 y en vez de marcharse, los emberá decidieron abrirle las puertas a los turistas, para que fueran testigos de sus tradiciones y cultura.
La comunidad de Parará Purú convive con la naturaleza, sin puertas ni ventanas, ni paredes que limiten una de otra.
Los niños corren, saltan y coexisten con la naturaleza. Son curiosos y alegres, pero sobre todo, puros de corazón.
Utilizan el jugo de jagua para elaborar tinta. Esta la usan para pintarse ‘tatuajes’ que duran hasta 10 días o para tintes de cabello.
Los accesorios de flores que elaboran son solo para ellas. Sin embargo, permiten que las turistas luzcan sus atuendos.
Reciben a sus invitados con música. Llama la atención los instrumentos que utilizan, los cuales son elaborados a mano.
Las esculturas que tienen a la venta son talladas a mano y en la mayoría de los casos son figuras de animales.
La dieta es bastante básica, consistiendo de la pesca del día y las cosechas de la temporada.
El almuerzo consistió en tilapia y plátano maduro sobre hojas de plátano que elaboran en forma de cuenco.
La comunidad de Parará Purú convive con la naturaleza, sin puertas ni ventanas, ni paredes que limiten una de otra.
Los niños corren, saltan y coexisten con la naturaleza. Son curiosos y alegres, pero sobre todo, puros de corazón.
Utilizan el jugo de jagua para elaborar tinta. Esta la usan para pintarse ‘tatuajes’ que duran hasta 10 días o para tintes de cabello.
Los accesorios de flores que elaboran son solo para ellas. Sin embargo, permiten que las turistas luzcan sus atuendos.
Reciben a sus invitados con música. Llama la atención los instrumentos que utilizan, los cuales son elaborados a mano.
Las esculturas que tienen a la venta son talladas a mano y en la mayoría de los casos son figuras de animales.
La dieta es bastante básica, consistiendo de la pesca del día y las cosechas de la temporada.
El almuerzo consistió en tilapia y plátano maduro sobre hojas de plátano que elaboran en forma de cuenco.
La comunidad de Parará Purú convive con la naturaleza, sin puertas ni ventanas, ni paredes que limiten una de otra.
Mientras uno hace de guía, otro maneja el motor del cayuco largo que utilizan para transportar a los turistas. Llevan taparrabos de colores alegres y caminan descalzos sin ninguna molestia. Es un viaje de 15 minutos hasta llegar a la orilla de su aldea, Parará Purú.
Le reciben con música. Los hombres han fabricado sus propios instrumentos y lucen chácaras y tatuajes de jagua. Las mujeres con cabellos largos y oscuros llevan flores en la cabeza. Los pequeños de la aldea corren y sonríen, curiosos ante la llegada de los turistas.
Los emberá utilizan sus recursos para vivir lo más fiel a sus tradiciones. Viven en casas de madera, con techos de paja, y sin paredes. Cuando hace mucho calor están a pocos pasos del río Chagres.
El tiempo transcurre a paso de tortuga en Parará Purú, logrando un desconecte total del sofoco citadino.