Nunca se había visto en Colombia un panorama electoral tan confuso como el que estamos presenciando a pocos meses de las elecciones presidenciales. ¿Quién va a llegar a la segunda vuelta? Es la pregunta que todos nos hacemos, apartándonos de nuestras personales adhesiones y preferencias.
El nombre que parece más seguro para esta opción, gústenos o no, es el de Germán Vargas Lleras. Visto hasta entonces como muy cercano a Santos, en la vicepresidencia obtuvo que este pusiera en sus manos ambiciosos programas de vivienda, agua potable, transporte e infraestructura en variadas y a veces huérfanas y lejanas regiones del país. Manejando un presupuesto de 4.4 billones de pesos, entregó más de 100 mil viviendas gratis a familias de bajos recursos. Sin duda, con esto ganó aplausos y futuros votos.
Lo que nadie entonces llegó a imaginar es que luego de su renuncia a la vicepresidencia y de un monástico retiro de varios meses, reaparecería sorpresivamente en la arena política, no como amigo y fiel continuador del gobierno de Santos, sino convertido en un firme candidato de oposición sustentado solo por firmas y ajeno a su partido, Cambio Radical. Ahora adelanta su campaña exponiendo un programa de gobierno que ofrece fórmulas tan seductoras para el elector raso como una severa reducción de las cargas tributarias que lo abruman, un nuevo sistema de salud, programas de protección a niños y personas mayores.
No parece fácil encontrar el método para llegar a la escogencia de un solo candidato en esta posible coalición.
Su buena posición en las encuestas le impide a Sergio Fajardo poner en juego su candidatura, como lo esperan sus aliados Claudia López y Jorge Robledo. Solo parece convenir con ellos en la elaboración de listas únicas para el Congreso. Su principal estrategia en el actual panorama electoral del país es mostrarse ajeno a los partidos y a la clase política tradicional, identificada con vicios de clientelismo y corrupción. Se presenta, pues, como una figura prometedora y nueva, un verdadero outsider. No cuenta con la misma percepción en el electorado la colérica Claudia López.
Una sorpresa que debe tomarse en cuenta es la ventajosa posición que le dan las encuestas a Petro. Paradójicamente, su desastrosa gestión como alcalde de Bogotá le ha ganado el apoyo de las clases marginales en otras regiones del país. Es un inquietante resultado que consiguió el populismo en Venezuela y en otros países de Latinoamérica. Sin necesidad de alianzas, Petro, nuestro Maduro colombiano, espera llegar a la segunda vuelta. Solo entonces podría contar con todos los votos de la izquierda.
El Centro Democrático (CD) ha sido visto como la más fuerte alternativa de la oposición para darle al país un rumbo opuesto al del gobierno de Santos. Con un líder tan prominente como Álvaro Uribe, con estudios y programas encaminados a resolver las fallas del acuerdo de paz, la actual crisis económica, la inseguridad y el auge del narcotráfico, el CD fue siempre visto con opciones de triunfo en una segunda vuelta.
No obstante, su tardanza en seleccionar su candidato y la injusta persecución judicial que ha sufrido con miras a hacerlo partícipe de los pecados de nuestro mundo político hacen necesario un acuerdo con otros aspirantes a la presidencia de su misma línea ideológica como Marta Lucía Ramírez. No parece fácil encontrar el método para llegar a la escogencia de un solo candidato en esta posible coalición.
En el mismo impase se encuentran el Partido Liberal, el partido de ‘la U’ y los partidos de izquierda. Todos ellos cuentan con aspirantes que, en aras de un exitoso acuerdo, no parecen renunciar a su candidatura. De ahí que el panorama electoral para elegir al sucesor de Juan Manuel Santos se vea tan incierto y tan poco predecible como jugar al Baloto.
El autor es periodista y escritor