De acuerdo con las previsiones del Fondo Monetario Internacional (FMI), se pronostica que la inflación en Venezuela en 2017 será de 1.64%, su tasa de desempleo del 20.7% y el PIB se contraerá en un 12%.
El pasado año el Parlamento declaró una “crisis humanitaria de salud” por la falta de disponibilidad de 872 fármacos esenciales.
Según los que llevan las cuentas, el 97% de las divisas depende de las exportaciones de petróleo y, según esas mismas cuentas, 8 de cada 10 productos consumidos son importados. Y las divisas no aparecen. En cuatro años, el PIB ha caído un 50% en el país que se supone es de los más ricos en recursos petroleros.
A la “crisis humanitaria de la salud”, se le agrega la crisis humanitaria alimentaria. Las imágenes de las grandes colas de los ciudadanos en procura de alimentos y de productos de uso cotidiano recorren los medios de comunicación globales.
En lenguaje dominicano, la crisis económica le queda “chiquitica” a la crisis política. La asamblea constituyente es el último invento de Nicolás Maduro. Hay que cambiar la Constitución. Aunque decía Hugo Chávez de su Constitución aprobada mediante un referéndum en 1999: “Nuestra Constitución está blindada de cualquier capricho personal, de una secta o grupo político”.
Parecería que su heredero termina con el blindaje. ¿Capricho personal, secta o grupo político? Ahora Venezuela tiene dos Congresos: la Asamblea Nacional y la asamblea constituyente. ¡Cuánta democracia!
Parecería que la comunidad internacional no sabe qué hacer con Venezuela. Los intentos de diálogo entre gobierno y oposición han sido fallidos, así como la condena regional a las decisiones del gobierno de Maduro.
Y llegó Trump. Luego de la asamblea constituyente, la Casa Blanca entiende que representa una quiebra del orden constitucional legítimo de Venezuela e impone sanciones financieras que prohíben las negociaciones sobre nuevas emisiones de bonos por parte del Gobierno de Venezuela y de la petrolera estatal Pdvsa.
Nicolás Maduro responde a las sanciones con la propuesta de que se enjuicie por “traición a la patria” a quienes en la oposición y en el extranjero se han manifestado a favor de las sanciones económicas impuestas por Donald Trump.
Como decía el anuncio, Maduro sigue ¡campante!
La autora es periodista y escritora
