El movimiento democrático lucha para establecer o fundar la democracia allá donde no exista, para consolidarla donde está vigente, perfeccionarla donde ya se haya consolidado y defenderla donde está amenazada. En términos generales, trata de fundar y construir democracias duraderas.
Una democracia duradera se basa en los valores de la libertad, la igualdad, la justicia y la solidaridad, que son interdependientes y de la misma importancia para promover la dignidad humana.
La libertad y la igualdad no son contradictorias, sino más bien complementarias.
El arte de la política democrática consiste en balancear los valores fundamentales sin excluir a alguno de ellos. El sentido de la democracia es, pues, promover el desarrollo, la dignidad y el bienestar de los seres humanos.
La paz es otro valor esencial de la democracia. La paz entendida como algo mucho más profundo que la simple ausencia de guerra. La paz nacida de un clima de tolerancia, no-violencia y reconciliación. Sin paz social y cultura cívica, la democracia no es sostenible.
En la América Latina el péndulo histórico se ha movido desde el autoritarismo hacia la democracia y luego de nuevo hacia el autoritarismo. En la mayoría de los países la democracia no ha sido sostenible. Diversos factores han incidido en su crisis y decadencia tales, por ejemplo: corrupción, luchas por el poder, fragmentación parlamentaria, intolerancia, extremismos de diferentes tipos, partidismo por encima del interés nacional, estilo de confrontación al hacer política, crisis económica y desigualdad social. Al final del proceso de decadencia vino un golpe de Estado, militar o civil, o un líder autoritario se apropió del sistema desde adentro, a través de las elecciones. En fin, de diversas maneras se terminó la democracia.
La democracia debe respetar, promover y salvaguardar la libertad y los derechos humanos, tanto políticos, como económicos y sociales. Los derechos humanos no deben ser opcionales o intercambiables.
Hay regímenes que ofrecen libertades o derechos en el terreno económico a cambio del sacrificio de las libertades o derechos políticos y viceversa, hay regímenes que ofrecen libertades políticas a cambio de la ausencia de derechos en el ámbito económico.
La democracia y los derechos humanos son a la vez medios y fines que potencian la dignidad humana. Sin estado de derecho no hay democracia duradera. Y sin respeto a los derechos humanos fundamentales, no existe el verdadero estado de derecho. Los derechos humanos solo pueden ser garantizados por la verdadera democracia que es pluralista y participativa.
Los partidos políticos constituyen la piedra angular de la democracia. Allí donde mueren los partidos, allí también va muriendo la democracia. Hay diferentes tipos de democracia, pero todas deben empezar con elecciones libres de los gobernantes en procesos también libres, abiertos, justos y realmente competitivos entre diferentes partidos políticos. Los enemigos abiertos o solapados de la política o de los partidos políticos son, posiblemente sin saberlo, enemigos mortíferos de la democracia. Son los profetas de la anti-política que cavan la tumba de la democracia.
La democracia es el gobierno nacido de la mayoría del pueblo con respeto a los derechos de las minorías. Es un camino y también es una meta o un ideal que nunca se logra completamente. La democracia perfecta no existe en ningún país y, posiblemente en ningún planeta. Pero cada vez que un pueblo se cansa y cesa de luchar por ese ideal, entonces renacen los autoritarismos o, peor aún, los totalitarismos, no importa de qué signo o condición.
La democracia se valora especialmente cuando se pierde. Cuando dejamos de movernos hacia el ideal democrático y empezamos a vivir la experiencia del poder en bruto, sin límites, de una tiranía. Vale entonces recordar al pensador suizo Juan Jacobo Rousseau cuando dijo que la lucha continúa por "la libertad, la igualdad y la fraternidad", es decir, por la democracia duradera.
