[VENEZUELA]

Esperanza en las universidades

Aquella famosa frase que sirvió de título a un libro de Miguel Ángel Capriles, ‘Siempre habrá Venezuela’, se relativiza para mal en la medida que avanza el deterioro de la educación superior.

Esperanza en las universidades
En 2015, Venezuela, cuyos magníficos paisajes han inspirado películas como Avatar, recibió apenas una cuarta parte de los 4 millones de turistas que llegaron a la vecina Colombia.

El desastre venezolano pudiera llegar a ser peor. Nadie lo duda, pero tanto en las altas esferas del régimen como de la oposición medianamente organizada, pareciera existir un círculo vicioso donde desenvuelven sus actividades pensando más en sí mismos y en los intereses de cada uno de los grupos que representan. Han olvidado los compromisos superiores mientras la nación sufre peligrosamente. Aún la resignación pesimista no se ha apoderado de la mayoría, pero si seguimos como estamos será cuestión de un tiempo relativamente corto.

He declarado muchas veces que las universidades públicas y privadas reclaman nuestra atención inmediata. El deterioro del país está llegando a ellas en cumplimiento de uno de los objetivos más importantes del “socialismo del siglo XXI”. Una de las cosas más peligrosas que sufren es la dependencia cada día mayor del Estado-Gobierno para su funcionamiento diario y hasta para la propia existencia. En consecuencia, tenemos la obligación moral y política de reaccionar con todas nuestras fuerzas para darle a las universidades el apoyo y soporte que necesitan.

En las universidades está todo. La gente, las ideas, los proyectos y programas para enfrentar los problemas en todas y cada una de las áreas que necesitan atención, a corto y mediano plazo. Aquella famosa frase que sirvió de título a un libro de Miguel Ángel Capriles, Siempre habrá Venezuela, se relativiza para mal en la medida que avanza el deterioro de la educación superior.

Una de las cosas más importantes que debemos destacar es que para las tareas del presente y del futuro inmediato, los hombres y mujeres que Venezuela necesita están en las universidades o no están en ninguna parte. Si continuamos buscando exclusivamente donde se ha hecho hasta ahora, pues sencillamente, allí no están.

Los políticos de los viejos y nuevos partidos, sobre todo quienes se mueven en las alturas, parecieran haber olvidado las premisas fundamentales. La política tiene que ser un verdadero apostolado. A ella se viene a servir y no a servirse. Esto aplica fundamentalmente para las cabezas de esa supuesta alianza cívico-militar que dirige al régimen imperante.

No hay mucho tiempo. Hemos perdido demasiado. Se agota aceleradamente. Quisiera ver a nuestros dirigentes luchando a fondo por las universidades autónomas tanto públicas como privadas. Junto a autoridades, profesores, trabajadores y por supuesto, a los estudiantes de hoy que, igual a los de ayer, están dispuestos a darlo todo por la libertad y la reconstrucción democrática de Venezuela.


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