Bautizamos la III Guerra Mundial como "Guerra Fría". Esta acabó al derrumbarse el Imperio soviético en 1989/90, provocando que analistas tan prestigiosos como Fukuyama proclamaran "el fin de la historia" con la misma certeza con que sus abuelos afirmaban que la Gran Guerra (1914/18) terminaría con todas las guerras.
De aquella primera germinaron las semillas de la II Guerra Mundial; con la III, ésta IV Guerra Mundial que libramos hoy, calificada por los enemigos de la democracia como "Guerra Asimétrica contra el Imperialismo Yanqui" y, por los defensores demócratas como "Guerra contra el terrorismo".
Será "asimétrica" en esta etapa de consolidación, como fue la II Guerra Mundial mientras había una Alemania debilitada, pero los enemigos de la democracia, como en las guerras mundiales anteriores, tienen un firme propósito hegemónico y de exterminio, cuyos antecedentes se remontan a la decisión del ex Presidente Carter de abandonar al Shah y permitir el triunfo de una teocracia antidemocrática en Irán. Desde entonces, se multiplican las agresiones contra los Estados Unidos y otras democracias, cada vez con mayor osadía y crueldad.
Recordemos. Toma de la Embajada norteamericana de Teherán en noviembre de 1979; ataque con un camión de explosivos a la Embajada norteamericana de Beirut (abril, 1983); otro semejante contra las barracas de la infantería de marina de EU en Beirut (octubre, 1983); uno más contra la Embajada en Kuwait (diciembre, 1983); un cuarto camión contra la misma embajada de Beirut (septiembre, 1984); bomba en un restaurante de Madrid frecuentado por soldados de EU (abril, 1985); Volkswagen cargado de explosivos contra la base aérea de EU en Rhein-Main (agosto, 1985); secuestro del crucero Achille Lauro a fines de 1985; bombas colocadas en el vuelo 840 de la TWA (abril, 1986) y en el vuelo 103 de PanAm en 1988; asesinato de dos agentes de la CIA en Langley, VA (enero, 1993) y el atentado contra las Torres Gemelas de New York, en febrero de 1993, quizás la fecha apropiada para señalar el comienzo de esta IV Guerra Mundial. Los dos últimos ocurrieron tras la agresión de Saddam Hussein contra Kuwait y Arabia Saudita, que desataron la Primera Guerra del Golfo.
Estos hechos, que conducen al primer atentado contra las Torres Gemelas, sólo ilustran una realidad mucho más amplia y sangrienta, porque además de los Estados Unidos –e Israel– el terrorismo ha golpeado a otras partes del mundo.
Desde febrero de 1993 destacan el ataque con un carro-bomba al complejo militar de EU en Riyadh (noviembre de 1995), el otro camión con explosivos que demolió las barracas de la fuerza aérea norteamericana en Dhahran (junio, 1996), la destrucción de las embajadas de EU en Kenia y Tanzanía en 1997, el ataque a la fragata USS Cole (octubre, 2000) y la ulterior destrucción de las Torres Gemelas el 9/11/2001.
Una película producida por la ABC y proyectada en la televisión mundial el 11 y 12 de septiembre muestra las vacilaciones y errores que se remontan a los años 70 y arrecian en los 90s hasta convertirse en realidades de la guerra que hoy nos azota. Hay elementos de ficción en esa versión fílmica para dramatizar los hechos, pero no pueden ignorarse las realidades que presenta.
Como nunca aprendimos nada de las guerras pasadas, deberíamos reflexionar ahora acerca del riesgo que no desaparece simplemente porque lo aborrezcamos ni podemos evitarlo apaciguando a un enemigo dispuesto a todo. Hay que enfrentarlo antes de que cobre más fuerza y nos imponga un costo abrumador en la tarea de salvar nuestras democracias y nuestra libertad.
