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BATALLA FINAL

John McCain, el héroe imperfecto

John McCain libra la última batalla de su vida contemplando los atardeceres en su rancho en Arizona. A estas alturas, con 81 años y un cáncer inoperable, las palabras malignas de una funcionaria de la Casa Blanca solo son ruido contaminante para un hombre que ha sobrevivido a circunstancias extremas en la guerra y también en la política, que es otra suerte de campo minado del que difícilmente se sale indemne.

Ya se sabe que durante la campaña electoral Donald Trump atacó con golpes bajos al veterano senador por Arizona. Molesto por no contar con su apoyo, para la historia quedará el momento en que el actual presidente dijo que no le gustaban los “héroes” que “se dejaban capturar”. El millonario empresario se refería a los años que McCain pasó en cautiverio en Vietnam como prisionero de guerra, encerrado en celdas de aislamiento y sufriendo torturas que le infligían sus captores.

McCain, que tiene el semblante y el alma duros de un Clint Eastwood en El bueno, el feo y el malo, no le ha perdonado el grosero comentario a quien considera un populista desprovisto de la estatura moral que para él debe tener un estadista. Desde entonces, y con el tiempo en su contra por la grave enfermedad que padece, McCain se ha enfrentado al ala más radical de su partido a la hora de votar en contra de iniciativas como la de eliminar “Obamacare”. Precisamente, su enfermedad, cuyo tratamiento es muy costoso, lo ha sensibilizado aún más con la carencias de tantas personas en un país donde la atención médica puede llegar a ser un robo a mano armada.

Para McCain, que en la contienda presidencial contra Barack Obama en 2008 se negó a sumarse a los ataques a su oponente que lo llamaban “musulmán” y “traidor”, no se trata de destruir el legado de quien fuera su adversario, sino de preservar lo que sirve y es beneficioso. Y, sobre todo, buscar consenso en Washington por el bien de una nación que, a su juicio, está destinada a liderar con su ejemplo el mundo libre.

Mientras otros hacen comentarios propios de hienas sobre su mortalidad, McCain, que es como la hormiga en la fábula de la cigarra, prepara concienzudamente su despedida de este mundo: organiza sus papeles, se cerciora de que a su funeral solo acudan los buenos amigos, defiende la causa de los inmigrantes mientras esta administración impulsa el concepto del muro blindado, insiste en que el Estado jamás debe recurrir a métodos de tortura. Al fin y al cabo, él sabe de lo que habla. Tanto es su afán por ser laborioso hasta el final, que en los próximos días publicará un libro (acompañado de un documental) titulado The restless wave, en el que describe a Trump como un individuo indiferente al “carácter moral” de los “gobernantes y sus regímenes”. En su reflexión sobre el presidente señala, “la adulación garantiza su amistad y la crítica su enemistad”.

Es obvio que McCain es agudo y ferozmente independiente dentro y fuera de su partido. Y cuando no ha sido fiel a sus principios, tal y como admite en el libro y en el filme, ha pagado caro por ello. Así percibe lo que le ocurrió cuando aspiró a la presidencia contra Obama. Presionado por asesores que le aconsejaban acercarse al sector más conservador, eligió como candidata a la vicepresidencia a Sarah Palin, a pesar de que para él su compañero de fórmula ideal era Joseph Lieberman, situado en el centro y más afín a sus valores. El binomio McCain-Palin tenía cero química y fue un fracaso. Como pudo comprobarse luego, el alma gemela de Palin era Trump, unidos, además, por el género de los reality shows.

Ahora McCain centra sus días en estar con sus seres queridos y departir con compañeros de la política que incluyen a republicanos y demócratas que lo estiman y admiran por su patriotismo. No le quita el sueño un comentario mendaz proveniente del entorno presidencial sobre lo poco que le pueda quedar de vida. Es pura minucia para quien cada amanecer es un triunfo de la voluntad.

Cuando McCain temía morir en su infernal encierro en Vietnam, el actual presidente se valía de certificados médicos para librarse de ir a la guerra. Para Trump lo más memorable, tal y como le dijo en 1997 a su amigo Howard Stern en una entrevista radiofónica, fue librar su “Vietnam particular” poniéndose a salvo de “enfermedades venéreas” como “un valiente soldado”. Echaremos mucho de menos a John McCain, un héroe imperfecto. Pero realmente un héroe.


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