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VíCTIMAS DE LA GUERRA

Niños mendigos en las calles de Mosul

Mohamed Salem, de 12 años, vive en Mosul, donde los yihadistas asesinaron a su padre. Desde que el Ejército liberó la ciudad hace un año, Mohamed, como centenares de niños, mendiga todo el día en la calle para mantener a su madre.

Cada día, vagabundea durante horas por las callejuelas de la segunda ciudad de Irak, ofrece pañuelos a los transeúntes a cambio de algunas monedas.

Como el pequeño Mohamed, los niños son las primeras víctimas de la guerra contra el Estado Islámico (EI), que hizo de Mosul su capital en 2014, antes de su derrota en julio de 2017 tras nueve meses de combates devastadores.

Después de perder a sus padres en esta batalla o durante los tres años de ocupación yihadista, un gran número de niños pulula por las calles, pidiendo limosna o vendiendo pañuelos o botellas de agua para sobrevivir.

El gran aumento del número de niños mendigos representa toda una novedad en la capital de la provincia petrolífera de Nínive, situada en pleno eje comercial con Turquía, Siria y el resto de Irak.

A diario, decenas de niñas y niños deambulan por Mosul, pidiendo limosna entre los vehículos, además de ofrecerse para limpiar los parabrisas.

“Salgo a las 7:00 de la mañana y vuelvo a las 10:00 de la noche. Vendo pañuelos para ayudar a mi madre”, explica Mohamed Salem, que es hijo único, al que se entrevistó en una rotonda, bajo un calor sofocante.

Pese a la ausencia de datos oficiales, las oenegés estiman en 3 mil el número de niños huérfanos en Mosul, lo que hace de la mendicidad entre los menores un fenómeno cada vez más extendido en la segunda ciudad de Irak.

“Según nuestras cifras, hay 6 mil 200 niños huérfanos en la provincia de Nínive, 3 mil 283 de ellos perdieron sus padres durante los últimos combates en la ciudad”, indicó Qidar Mohamed, responsable de la oenegé La alegría de los huérfanos.

Solo hay dos orfanatos en Mosul, uno para niños y otro para niñas, de entre 6 y 18 años, según las oenegés.

Resulta habitual ver a niñas y niños, con las ropas desgarradas y zapatos desgastados, correr detrás de los peatones para mendigar.

“Toda mi familia murió y nuestra casa fue destruida durante los bombardeos en la ciudad vieja”, confiesa entre lágrimas Ali Bonian, de 10 años, que ahora se ve obligado a mendigar después de haber perdido a todos sus familiares durante los últimos combates contra el EI.

“Como a mi edad resulta complicado encontrar trabajo, tengo que pedir limosna para sobrevivir”, añade Ali, que prefiere no desvelar dónde duerme.

Él comparte el mismo sueño que la mayoría de los niños mendigos: encontrar una familia de acogida y volver a la escuela.

Además de la mendicidad y el abandono escolar, los menores de Mosul también “son explotados por bandas”, explica Jalaf Al Hadidi, miembro del Consejo provincial de Nínive.

Para la socióloga Fatima Jalaf, estos niños “no están a salvo de cualquier forma de explotación” y “si los abandonamos, algunos podrían convertirse en criminales”.


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