[LA CIUDAD DE LA LUZ]

París sigue siendo París

Cualquiera que haya tenido la fortuna de viajar a Europa sabe que, a pesar de los episodios violentos perpetrados por facciones yihadistas, el Viejo Continente es un lugar privilegiado.

París sigue siendo París
París sigue siendo París

De todas las imprecisiones que el presidente Donald Trump ha divulgado, una de las que más ha llamado la atención fue su reciente lamento acerca de París. Durante su intervención en un encuentro del grupo Conservative Political Action, Trump hizo mención a un amigo, al que llamó Jim, asegurando que este ya no visitaba la Ciudad de la Luz porque “París ya no es París”.

Según el mandatario estadounidense, desde hace cinco años Jim ya no pisa su ciudad favorita por supuestamente estar bajo el asedio continuo de ataques terroristas. En suma, vino a decir que la capital francesa hoy en día es un sitio muy peligroso donde los turistas se juegan la vida en sus calles llenas de historia. Poco después también se refirió a Suecia por un reciente supuesto hecho relacionado con los inmigrantes y los índices de crimen del que nadie había tenido noticia.

Como cabía esperar, ni el Gobierno francés ni el sueco se mostraron contentos por unas afirmaciones carentes de fundamento. Si bien es cierto que los ataques terroristas perpetrados en París en los últimos tiempos sacudieron momentáneamente la plácida vida de los parisinos, la propia alcaldesa de la ciudad, Anne Hidalgo, en respuesta a Trump ha señalado que en lo que va de año las reservas realizadas por turistas estadounidenses habían aumentado un 30% en relación con 2016.

En cuanto a los pacíficos suecos, el ex primer ministro Carl Bildt preguntó si el presidente Trump “había fumado algo” y salió a relucir que el año pasado solo en Orlando, Florida, hubo un 50% más de crimen que en toda Suecia.

Cualquiera que haya tenido la fortuna de viajar a Europa sabe a ciencia cierta que, a pesar de los episodios violentos perpetrados por facciones yihadistas, el Viejo Continente continúa siendo un lugar privilegiado del planeta por su calidad de vida, su rica cultura, su imponente belleza y donde mayoritariamente se respira tolerancia, a excepción de países como Rusia, con un gobierno manifiestamente autoritario bajo la dirección de Vladimir Putin.

Sin duda los europeos se enfrentan a retos como la estabilidad de la Unión Europea frente al movimiento aislacionista del brexit, la radicalización de las minorías musulmanas, el desempleo entre los jóvenes o las oleadas de inmigrantes y refugiados que llegan en busca de un futuro mejor. Pero Europa, que en el siglo pasado se sobrepuso a dos cruentas guerras y ha sobrevivido a los vaivenes de las crisis económicas, sigue siendo un envidiable rincón de la Tierra que ningún turista debe perderse.

En el caso particular de París, es una de esas capitales que sencillamente deslumbran desde el primer momento. Es el París romántico donde Ingrid Bergman y Bogart se juraron amor en Casablanca; el de Sylvia Beach y su mítica librería, Shakespeare & Company, en la calle Odeón; la misma ciudad en la que los expats estadounidenses como ella, Gertrude Stein o Hemingway vivieron sus mejores años en el periodo de entreguerras; hablamos de la ciudad en la que en la segunda parte de la inolvidable trilogía de Richard Linklater en torno a la historia de amor de Celine y Jesse, los personajes que encarnan Ethan Hawke y Julie Delpy se reencuentran y recuperan un amor juvenil. O donde un hombre mayor seduce a una joven bailando el Último tango en París.

En París alguna vez recorrimos enamorados la casa museo donde Rodin y Camille Claudel vivieron su tormentoso romance. Fue en París donde pasamos una tarde en el Café de Flore y donde comprobamos que la enigmática Mona Lisa que se exhibe en el Louvre es una pieza mucho más pequeña de lo que imaginamos en los libros de arte. Pasados los años y con la juventud borrosa en la memoria, volver a París es como recuperar el aroma de la proustiana Madeleine y descubrir junto a los hijos Le Marais, el barrio de moda y culturalmente diverso donde se comen los mejores falafels de la ciudad.

El presidente Trump nunca aclaró quién es ese amigo llamado Jim que desde hace cinco años no se atreve a pisar los Campos Elíseos por temor a morir en un ataque terrorista. Si Jim verdaderamente es de carne y hueso y no una entelequia, lo invito a perder el miedo y reconciliarse con su ciudad favorita. París sigue siendo París. Decir otra cosa sería una “noticia falsa”


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