La primera cosa que el presidente electo de Irán, Mahmud Ahmadineyad, necesitaba hacer era mejorar su imagen, después de que algunos iraníes lo compararan con los talibán o el Jemer Rojo.
La conferencia de prensa que convocó tras su victoria electoral era una oportunidad de demostrar cómo es en realidad y cuáles son sus objetivos. Pero tras el evento del domingo, que fue televisado, nadie se atrevía a decir que sabía más sobre su persona.
"Es como si hablara (el actual presidente, Mohammad) Jatami o su rival electoral (Akbar Hashemi) Rafsanyani. No oí nada diferente", dijo un periodista local tras dos horas de preguntas y respuestas.
¿Moderación en vez de extremismo, respeto a las mujeres y prensa libre? "Por supuesto", replicó. Junto con la colocación de ministros cualificados en su gabinete, ninguna atadura ideológica y la adherencia a la democracia islámica, éstas dijo son las principales pautas de su agenda interna. Una agenda llamativamente similar a la visión política del saliente Jatami durante sus ocho años en el poder.
Ahmadineyad incluso contradijo su imagen de "Robin Hood islámico" al decir que los principales inversores no deberían preocuparse dado que la inversión forma parte del desarrollo del país.
Afirmó que Irán continuará presionando por la energía nuclear, pero que quiere proseguir las conversaciones con la Unión Europea para tomar medidas generadoras de confianza. Ni siquiera sería un tabú la reanudación de las relaciones con Estados Unidos, si éstas se basan en el respeto mutuo y los intereses nacionales, aseguró.
"Pero es un populista, así es como ganó las elecciones, por ello la gente no puede confiar aún en él y todavía teme lo que arde bajo las cenizas", agregó.
Una de sus primeras medidas podría ser cambiar el sistema bancario y reducir las altas tasas de interés en un año del 17% actual (para depósitos a largo plazo) a una cifra de un solo dígito. Según Ahmadineyad, esto impulsaría la producción interna.
"Eso es una utopía económica", replica el economista Yavad Abdi. "El Consejo Económico fijó las tasas de interés tras una intensa investigación del Banco Central que tuvo en cuenta todos los factores económicos en Irán", explica.
Según Abdi, debilitar al Banco Central bajando las tasas de interés también afectará las inversiones extranjeras, dado que el Banco Central es el único organismo oficial en el que los foráneos pueden confiar que protegerá sus inversiones.
Una maniobra de este tipo también pondría en juego la esperada adhesión de Irán a la Organización Mundial de Comercio (OMC), dado que sus políticas económicas podrían ser tachadas de incompatibles con los estándares globales.
Los ideales a lo Robin Hood de Ahmadineyad de ayudar a los pobres quitándole a los ricos le hizo ganar más del 60% de los votos de aquellos para los que el pan es más importante que las reformas o la política internacional.
Pero los poderosos mercaderes de los bazares, que pertenecen a los ricos de Irán y cuentan con un fuerte apoyo del clero conservador, seguramente no permitirán que un recién llegado amenace sus intereses económicos.
"Si nos toca, estará fuera más rápidamente de lo que entró", advertía un mercader del bazar Tayrish de Teherán.
Analistas políticos subrayan que Ahmadineyad no sólo derrotó a los reformistas próximos a Jatami, sino que al humillar al peso pesado político que es Rafsanyani, también humilló a la poderosa ala conservadora próxima al "establishment".
Por ello, el entusiasmo de éste se centró más en la cifra de 60% que en la victoria en sí de Ahmadineyad. Incluso el partido del mandatario electo, Abadgaran, que ahora dominará el Parlamento, se mostró cauteloso y podría tener dificultades para aceptar lo que un miembro de la formación calificó de "ser más papista que el Papa".
"Teníamos problemas con el curso de reformas de Jatami y no estábamos satisfechos con el proceso de liberalización", señaló un diplomático europeo en Teherán. "Volver a empujar nuestro nivel de tolerancia podría ser problemático", advirtió.
