Hay muchos argumentos para terminar con la represión violenta de los gobiernos al comercio de drogas. Con distintos matices, muchas personalidades, como el ex presidente de Uruguay Jorge Batlle y la esposa del presidente Álvaro Uribe, de Colombia, recuerdan que la aventura –también sangrienta– de la ley seca terminó cuando esa ley llegó a su fin.
Gary S. Becker, premio Nobel de 1992, al igual que su maestro y también Nobel Milton Friedman, propone terminar con esta represión. La prohibición incrementa la llamada “renta de riesgo”: lo que cobran los agentes del negocio como prima de protección contra la acción de la justicia. Esto encarece sideralmente a las drogas que no tienen costos importantes.
La ilegalidad y los altos precios les traen a las mafias un enorme caudal financiero para poder corromper a políticos, jueces, militares y policías. Además, permite pagar altos precios a los agricultores.
Pongamos las cosas en perspectiva. En la Unión Europea (UE), por caso, las drogas causan 8 mil muertes directas y 20 mil indirectas, cada año, pero por abuso del alcohol fallecen unas 200 mil. Un 5% de la población mundial es consumidora de drogas ilícitas.
El área total de cultivo de coca en Colombia, que subió al mismo ritmo que la represión estatal, es el 54% del total mundial, seguido por Perú (30%) y por Bolivia (16%). El potencial productivo por año de cocaína en Colombia, se mantiene en 640 toneladas y, para el resto de la región, en mil toneladas.
Pero una cosa es acabar con la represión estatal y otra muy diferente es utilizar ese poder de policía para liberar zonas al narcotráfico, que es lo que hacen el presidente Evo Morales y sus socios. El Gobierno boliviano continúa con la prohibición, con lo que mantiene el manejo de la mafia, pero a la vez libera a los campesinos, de modo que éstos florezcan con los altos precios que se pagan gracias a la prohibición.
Tanto es así, que el viceministro de Defensa Social boliviano reconoció que el país se enfrenta a una “máquina del narcotráfico... que mueve millones de dólares... e implica a políticos y familiares de dirigentes sindicales”. Pero cuando el perseguido cardenal Julio Terrazas exhortó a los bolivianos a “estar atentos y despiertos” advirtiendo que Bolivia “se va convirtiendo en el espacio donde están dominando los narcotraficantes, sin Dios y sin ley”, el gobierno lo repudia.
El principal socio de Evo Morales, el “pacífico” presidente venezolano Hugo Chávez, ha comprado armas a Rusia por 4 mil 400 millones de dólares en los últimos tres años, inicia maniobras militares con el imperio del zar Putin, hostiga a lo que va quedando de prensa libre, como es el canal Globovisión, y como quien maneja un comando militar, asegura que “arranca la ofensiva [...]. Puede ser perfectamente preparado [el cambio de la Constitución con]... un ataque fulminante, relámpago”, para conseguir su reelección hasta el año 2021, una posibilidad que rechaza el 69% de los venezolanos, según Keller y Asociados.
Para The Wall Street Journal, militares colombianos aseguran que Hugo Chávez ayuda a las FARC y al ELN, que sostienen un gran “narcosantuario” en la frontera con Colombia, donde decenas de familias viven, casi como esclavos, gracias a la elaboración de cocaína y al sueldo y sometimiento de los grupos guerrilleros. Desde allí, Venezuela llegó a exportar 250 toneladas de cocaína en 2007. Este tráfico es la principal fuente de financiación del terrorismo sin la cual desaparecería.