[COOPERACIÓN]

Revolución en la ciencia

Más allá de las consecuencias científicas del esfuerzo de investigación que aportó evidencias sobre la partícula de Higgs, cabe remarcar la apuesta inversora y el éxito del proyecto europeo.

El Laboratorio Europeo de Física de Partículas Elementales (CERN) dio a conocer el miércoles lo que puede ser uno de los descubrimientos más importantes de los últimos tiempos en lo que se refiere a la naturaleza última de los componentes y las interacciones más elementales del mundo físico. Se aportó solida evidencia en favor de la existencia de la partícula de Higgs, necesaria para completar la teoría que describe las interacciones entre partículas elementales. Más allá de las consecuencias puramente científicas que este descubrimiento puede deparar, y de la emoción que ha producido en la comunidad científica, que siguió con enorme interés las informaciones del CERN, hay que remarcar la apuesta inversora y el éxito del complejo proyecto de colaboración europea que supone la existencia de dicho laboratorio.

Los países europeos han contribuido a la construcción del acelerador y, especialmente, al diseño y construcción de los dos enormes detectores en los que se han registrado estos resultados. Multitud de universidades y centros de investigación en Europa (y otras partes del mundo) se han puesto de acuerdo para responsabilizarse de parte de la instrumentación, que ha debido ser ensamblada posteriormente a partir de elementos fabricados en lugares distantes, o del análisis o la transmisión y tratamiento de los datos, en una distribución de tareas que ha funcionado sin fallos para llegar al resultado apetecido. Muchas empresas europeas, a través de contratos del propio CERN o de los equipos que debían contribuir en especie a los detectores, han debido trabajar para cumplir las especificaciones requeridas, con lo que han puesto a punto su capacidad para posteriores desafíos. Sin olvidar la tupida red de conexiones informáticas que cubren Europa y que han transmitido, almacenado y tratado billones de datos tomados en los detectores y han permitido la reconstrucción de los intrincados procesos registrados en su interior. Queda claro –y es un momento muy oportuno para recordarlo, en la España de los ajustes– que invertir en ciencia es necesario e importante; y se ha demostrado que la colaboración es posible y que da resultados, inalcanzables para cada una de las partes, por muy potente que sea cada una de ellas. Ojalá que este ejemplo pueda extenderse a otras áreas de la investigación científica (ya lo está haciendo, por ejemplo, en el campo de la fusión nuclear o la biotecnología) y de la actividad social.

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