La algarabía montada con la llegada de un puñado de bandidos a los sitios de acogida, despierta y legitima todas las sospechas. El Tratado de Versalles o la rendición en el Missouri son un par de tonterías comparadas con este triunfo apoteósico. ¿Qué se guarda tras de tanto ridículo aparato? Para empezar, el insignificante número de los que llegan. Después de invitar a amigos, compañeras y voluntarios dispuestos a ganarse las millonadas que se les pagarán, la cifra vacila entre 4 mil y 6 mil “combatientes”, como se hacen llamar estos terroristas, asesinos, violadores y narcotraficantes. Nada, como quien dice. La montaña parió un ratón.
No empieza el espectáculo y ya se violaron los dos primeros plazos para el proceso de desarme. Imaginemos el resto.
Los niños no aparecen por parte alguna. Se los tragó la tierra. Y las armas pesadas, las de verdad, deben estar al cuidado de los niños. Nadie ha podido mostrar un campo de coca desmantelado, una narcorruta descubierta o un dólar devuelto. Y nadie podrá mostrarlo. Nadie ha visto la destrucción de una fábrica para acabar los ríos, como nadie ha mostrado que pare la deforestación inclemente, de la que ya se queja la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico. Y nadie ensaya la explicación de las más de 150 mil hectáreas de coca sembradas, mientras avanzaba la pantomima de La Habana. Y ya el secretario de Estado de Estados Unidos preguntó por el detallito. Sálvese quien pueda.
Mientras esto pasa en el corazón de la comedia que quieren volver epopeya, se tapa la corrupción funesta. Se robaron, entera, una bonanza petrolera de más de 100 mil millones de dólares. Sí señores. ¿Alguien supo qué se hizo de semejante montaña de oro? Nos endeudó el sujeto presidente en 50 mil millones de dólares, más de lo que hicieron sus antecesores, desde Simón Bolívar hasta Álvaro Uribe. ¿Alguien sabe del paradero de ese platal?
En la Refinería de Cartagena se embolataron más de 4 mil millones de dólares. En un par de semanas tendremos noticias, vale decir, presos. Tapen, tapen.
Nadie pregunta lo que debe preguntar por la Ruta del Sol II (proyecto de carretera suscrito en 2010 con constructora brasileña Odebrecht). ¿Cuánto vale seguirla y quién y cuándo lo hará? Lo mismo que por Ocaña-Gamarra. Pero tranquilos. Los implicados son dos ministras impolutas del corazón de Santos y su secretario privado. Nadie da razón cierta por el túnel de la línea, también abandonado. Ni por la carretera Villeta Guaduas, en manos de Mario Huertas, el más entusiasta en el festejo de la reelección de Santos. Solo sabemos que sin ese tramo, el resto de la vía queda valiendo nada. Tapen. Tapen.
También hay que tapar la crisis económica, la pobreza angustiosa de los colombianos. Por eso, el Departamento Administrativo Nacional de Estadística se niega a dar el crecimiento del último trimestre del año y de 2016 entero. Será algo parecido al 1.6%. Y el propio Banco de la República, siempre optimista, calcula en 2% el de este año. ¿Saben lo que eso significa? Hambre, desempleo, violencia.
El hueco fiscal es enorme y no lo tapará la Reforma Tributaria, que ya le robó al salario mínimo dos de los siete puntos de aumento. Las calificadoras de riesgo nos descalificaron de hecho. A tapar con créditos caros para sumarlos a la deuda impagable que nos agobia.
Las exportaciones van hacia abajo, como la cola de las vacas. Y si no exportamos, morimos. ¿Lo tenemos claro? La “Mesa” quebró al país. Pero tapen, por favor. La cartera mala de los bancos viaja en dirección opuesta. Ascendente, claro. La gente no tiene con qué pagar lo que debe, después de dar vueltas y revueltas con las tarjetas de crédito que le han repartido. Cuidado con una crisis financiera. Esa ya no la tapa nadie.
La industria cae, la producción agropecuaria es una pena, la recesión golpea sin clemencia. Pero no importa. Trayendo cuatro premios Nobel sin importancia por cuenta del erario y de la Cámara de Comercio, todo eso se olvida.
La producción petrolera se ha reducido en más de 150 mil barriles por día. Y nadie viene a invertir un dólar en un país comido por el narcotráfico y en manos de bandidos. Que nadie recuerde esas cifras, por favor. Y no hablemos de salud, educación o de ciencia y tecnología. En un país donde se para la gangrena de los venenos ofídicos cortando piernas y brazos de la gente, no hay para qué menear esos detalles. Tapen, tapen, por favor.