Ya no hay disimulo ni esfuerzos para mantener la apariencia de armonía. La normalidad institucional en el traspaso de poder en Estados Unidos (EU) se rompió este miércoles cuando el presidente electo, Donald Trump, acusó al todavía presidente Barack Obama de ponerle “obstáculos” y pronunciar “declaraciones incendiarias”. La ruptura se escenificó, también, en el discurso del secretario de Estado, John Kerry, defendiendo la política de Obama ante Israel frente a las descalificaciones del Gobierno israelí y del propio Trump. La Casa Blanca recuerda que en EU hay un solo presidente y que, hasta que Trump ocupe el cargo a partir del 20 de enero, este es Obama.
Unas horas después de esa acusación, Trump aseguró que había acercado posiciones con Obama. “Me llamó. Tuvimos una muy buena conversación sobre cosas generales. Fue una llamada muy bonita y creo que cubrimos mucho territorio”, dijo el republicano a los periodistas en su resort de Mar-a-Lago en Florida.
En un discurso en Washington, la mañana del miércoles, uno de los últimos antes de abandonar el cargo, Kerry señaló que las políticas del Gobierno israelí complican la futura negociación de una paz que incluya la coexistencia de dos estados, uno israelí y otro palestino. Rechazó la teoría, expuesta por el Gobierno israelí, según la cual la administración Obama orquestó la resolución del Consejo de Seguridad de la ONU, aprobada el viernes, en condena de los asentamientos israelíes en territorio ocupado. EU se abstuvo.
El discurso, que refleja una tensión poco habitual entre los gobiernos de EU e Israel, es un ejemplo de los gestos tardíos de la administración Obama que quedarán invalidados con la llegada de Trump al poder. Trump, coordinado con el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, intentó sin éxito la semana pasada abortar la resolución.
En un mensaje en la red social Twitter, publicado este miércoles, anticipó que todo cambiará a partir del día que jure el cargo: “No podemos seguir permitiendo que se trate a Israel con este desprecio y falta de respeto total. Solían ser grandes amigos de EU, pero ya no. El principio del final fue aquel horrible acuerdo con Irán, ¡y ahora esto (ONU)! Mantente fuerte, Israel, el 20 de enero se aproxima rápido”.
La transición presidencial es siempre uno de los momentos más delicados de la democracia estadounidense, dos meses y medio en el que conviven a la fuerza un presidente que se va y otro que llega, en el que deben ocuparse centenares de cargos clave en la administración y en el que el peligro es el vacío de poder, o la duplicidad.
Si los presidentes en cuestión son figuras tan dispares como Obama y Trump, el riesgo es mayor. La primera potencia mundial proyecta estos días una imagen extraña, con dos presidentes que envían mensajes opuestos y uno, el presidente electo, descalificando en público, e intentando sabotear las iniciativas de quien es todavía el presidente legal.
