[CALIFATO]

Vuelta atrás

Las crónicas llegadas desde la zona de Irak que controla el Estado Islámico (EI) cuentan que la población anda entre atemorizada y contrita a causa de haber vuelto a la Edad Media. Con el fundamentalismo como sistema de gobierno han llegado la falta de electricidad, la hambruna y la escasez, o ausencia, de medicamentos.

Es lo que tienen las vueltas atrás en la historia: no se limitan a los oropeles que dan lustre (digamos) a cada época. Los miembros del nuevo califato no solo imponen el velo integral a las mujeres y proclaman la sharia como ley suprema sino que, en Mosul, que es de donde llegan las noticias, son incapaces de mantener en marcha las infraestructuras propias del estilo de vida que surgió tras la Revolución Industrial en Occidente volviéndose norma –o al menos deseo– también en los demás países en tránsito a la modernidad. No es lo mismo imponer la bandera negra propia del EI que mantener abiertas las centrales eléctricas, garantizar el suministro de agua y, ¡ay!, facilitar el acceso a internet.

Tras la Guerra Civil española era común padecer cortes de luz y restricciones de agua por más que los símbolos de la “España una, grande y libre” abundasen. Quienes en España tienen mi edad entenderán mejor lo que sucede en el EI, por más que las comparaciones sean en este caso absurdas. Sucede que en el fondo la razón de las carencias es una misma: hacen falta según qué premisas para que funcione el razonamiento final. De momento quienes más se quejan en Mosul son los miembros de lo que cabría llamar la clase superior de las ciudades iraquíes “liberadas”: profesores, ingenieros, médicos y así. Los que son empleados públicos temen por su salario que, de momento, aún les llega. Pero al margen de esos detalles administrativos la vida ha vuelto a lo que era en los tiempos del califato original. El mejor ejemplo es el de las escuelas, que no se sabe si abrirán al terminar las vacaciones, pero con la certeza de que, si lo hacen, será siguiendo las pautas de la ley islámica entendida de su forma más radical: separación de sexos, enseñanza limitada para las mujeres y, por supuesto, bajo unos currículos académicos que son fáciles de imaginar.

Me parece que fue Carlos Marx quien dijo que la vuelta atrás en la historia conduce a la comedia bufa aunque, con toda seguridad, era esa una metáfora para denominar lo que resulta en realidad un drama. Tal vez no se peque ya, de acuerdo con el credo islámico, en Raqqa o en Mosul porque quienes lo hacen son liquidados, sin más. Pero el terror necesario para imponer esa ley en la calle lleva a lo otro, a la desaparición de los estándares de vida común que damos hoy por imprescindibles y, en nuestra incapacidad para entender lo que nos rodea, teníamos por garantizados. De momento la vuelta a la Edad Media afecta solo al Medio Oriente y según qué zonas de África pero, por la misma razón, cometeríamos un error estúpido –uno más– si creyésemos que los europeos estamos libres de semejante amenaza.

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