CHINA.

La chimenea del mundo

HANDAN, China. –Cuando residentes de esta ciudad en el norte de China cuelgan su ropa a secar, los residuos negros que salen de la cercana Hierro y Acero de Handan a menudo la envían de vuelta a lavar.

A medio mundo de distancia, vecinos de lo que solía ser la fundición de acero de ThyssenKrupp en el Valle Ruhr de Alemania, tuvieron alguna vez un problema similar. Las camisas blancas que los hombres vestían para ir a la iglesia los domingos se volvían grises para cuando regresaban a casa.

Estos dos poblados acereros tienen una hermandad inusual, extendiéndose a lo largo de 800 kilómetros y una década de conmoción económica. Han compartido el mismo fuego inmenso del horno, desmantelado y embarcado parte por parte desde el viejo corazón industrial de Alemania hasta la provincia Hebei, el nuevo Valle Ruhr de China.

La transferencia, una de docenas desde finales de los años de 1990, contribuyó a una caída en la producción de acero en China, misma que actualmente supera la de Alemania, Japón y Estados Unidos juntos. Eso dejó a Alemania con empleos perdidos y un severo caso de angustia postindustrial.

No obstante, las fundiciones de acero que emiten partículas al aire y consumen electricidad en grandes cantidades de las plantas de energía en China, alimentadas por carbón, representan una gran parte de las crecientes emisiones de bióxido de azufre y de carbono en este país. Alemania, por contraste, ha limpiado sus cielos y actualmente está a la cabeza de la lucha en contra del calentamiento mundial.

En su prisa por recrear la revolución industrial que volvió rico a Occidente, China ha absorbido la mayor parte de las grandes industrias que, en otra época, ensuciaron a Occidente. Impulsadas por un firme apoyo del Estado, empresas chinas se han convertido en los fabricantes que dominan la producción de acero, coque, aluminio, cemento, químicos, piel, papel y otros bienes que enfrentaron elevados costos, incluidas normas ambientales más estrictas, en otras partes del mundo. China se ha convertido en la fábrica del mundo, pero también en su chimenea industrial.

Este masivo cambio de industrias contaminantes ha arruinado el ascenso económico de China. Las tasas de crecimiento de dos dígitos han hecho menos por mejorar la vida de la gente una vez que, destacan algunos economistas, se consideran los daños al aire, tierra, agua y la salud humana. Además, equipamiento anticuado en la producción tendrá que ser reemplazado o actualizado a gran costo, si el país se propone reducir la contaminación.

El deterioro del ambiente en China también ha puesto de cabeza la geopolítica del calentamiento mundial. Produce y exporta tantos bienes que otrora se producían en Occidente que muchos países ricos pueden hacer alarde de estar reduciendo sus emisiones de bióxido de carbono, incluso al tiempo que las emisiones del mundo en general están aumentando rápidamente.

China también carece de recursos naturales, incluido mineral de hierro, aceite y madera, para la industria pesada y para su propia clase de consumidores en ascenso. Así que su crecimiento ejerce mucha presión sobre el ambiente en lugares tan distantes como Canadá, Brasil, Australia e Indonesia, donde compra materias primas por barcadas.

La ciudad de Dortmund en el Valle del Ruhr, donde ThyssenKrupp solía producir acero en otros tiempos, aún padece de altos niveles de desempleo debido a la pérdida de empleos ante países donde los costos son menores, como China. No obstante, los alemanes pueden comprar iPods hechos en China, así como máquinas lavadoras y barcos de carga a precios que, debido a laxos controles sobre la contaminación, no reflejan el precio que paga el ambiente. Aunado a lo anterior, la transferencia de contaminantes industrias les ha dado aire y agua más limpios.

"En lo personal, creo que China está cometiendo todos los errores que nosotros cometimos en el siglo XIX", dijo Wilhelm Grote, regulador ambiental en Dortmund, quien recuerda haber lavado el automóvil de su padre cuando era niño, solo para ver cómo se ennegrecía de inmediato por el hollín. "Se van a dar cuenta que es mucho más caro hacer reparaciones más adelante que hacerlo bien desde el comienzo".

Luego de no prestarle atención a las consecuencias de su desenfreno industrial a lo largo de varios años, la dirigencias del Partido Comunista ahora dice que está decidida al desarrollo de un modelo económico más limpio. Beijing ha intentado hacer valer sus ambiciosos –aunque no los cubre todavía– objetivos enfocados a mejorar la eficiencia energética y reducir las emisiones.

Algunos funcionarios dicen sentirse particularmente consternados en lo tocante a la pesada responsabilidad ambiental de producir más de un billón de bienes al año para su venta en el extranjero. De las emisiones totales de bióxido de carbono por parte de China, que, bajo algunos estimados actualmente superan las de Estados Unidos, apenas poco más de un tercio son emitidas en el transcurso de la fabricación de productos para consumidores extranjeros, con base en datos de la Agencia Internacional de Energía Atómica, grupo de estrategia energética e investigación con sede en París.

La dependencia de planeación central del país prohibió en fecha reciente las compras de algunos equipos industriales usados que venían del exterior, exigiéndoles a las empresas que instalaran sistemas de consumo eficiente de energía más nuevos. Ya canceló muchos incentivos creados para promover las exportaciones, en particular para empresas que consumen energía en gran cantidad y contaminan profusamente. Algunos funcionarios les han advertido a las empresas que el incumplimiento de las leyes ambientales les costará sus licencias de exportación.

"Algunas empresas están abusando del ambiente para reducir los precios de las exportaciones", dijo Chen Guanglong, funcionario del Ministerio de Comercio, al anunciar una severa aplicación de medidas en contra de contaminadores, en este otoño. "Ellos venden sus productos en el exterior, pero la contaminación se queda en casa".

No obstante, existen pocas indicaciones de que los funcionarios chinos tengan verdaderos objetivos con respecto a volverse el centro mundial de la industria pesada. La inversión en nuevas plantas y equipamiento para el acero, aluminio y cemento ha aumentado marcadamente incluso al tiempo que planeadores centrales advierten que ese sector recibirá menos respaldo del Estado. Se anticipa que las exportaciones de acero chino a la Unión Europea se dupliquen este año respecto de la marca impuesta en 2006.


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