Uber fue creada en 2009 por Travis Kalanick y Garrett Camp. El primero acaba de renunciar a su puesto de director ejecutivo, y Camp sigue como presidente del directorio. Uber opera en 48 países y en más de 400 ciudades del mundo. En 2016, fue avaluada en 62 mil millones de dólares. Kalanick renunció por dos motivos: Las protestas de grupos anti Trump en el aeropuerto de Nueva York fueron aprovechadas por Uber para subir sus tarifas, debido a la demanda de transporte, mientras que el sindicato de taxistas se adhirió a los protestantes. El hecho fue repudiado por los manifestantes y sus simpatizantes, que instaron a la eliminación de la aplicación en sus teléfonos celulares. El segundo motivo es que los revoltosos se enteraron de que Kalanick es miembro del Consejo Consultivo Económico de Trump, lo que añadió carbón al fuego que los izquierdistas están encendiendo en sus reproches contra el nuevo gobierno.
Pero aunque ninguno de estos percances hubiese sucedido, Uber está condenada al fracaso. Hasta el momento no ha dado ganancias, mas sí ha hecho billonarios a sus dos dueños que gozan con más de 6 mil millones de dólares cada uno. Uber es una empresa privada (no cotiza en bolsa). Los otros beneficiados, además de sus propietarios, son los pasajeros, que pagan entre una tercera y una séptima parte de la tarifa de viaje que les costaría un taxi tradicional.
En 2015, Kalanick dijo que los conductores en Nueva York ganarían 91 mil dólares anuales y en San Francisco, 75 mil. Ambas mentiras le llevaron a un juicio por el que tiene que indemnizar con 100 millones de dólares a quienes les creyeron. La ganancia máxima que puede obtener un conductor, en la mayoría de las ciudades de Estados Unidos, trabajando a tiempo completo, es de alrededor de 22 mil dólares anuales. No solo los ingresos están en el nivel de pobreza, sino que todos los gastos de mantenimiento del vehículo corren por cuenta del conductor.
Si sumamos la depreciación por el kilometraje añadido, más la gasolina, cambios de aceite, deterioro de llantas, seguro, tarifas telefónicas de transmisión de datos y los daños que pueda sufrir el automóvil –tanto por parte de los pasajeros como por la exposición desmedida al tráfico hostil– más de la mitad de lo que percibe un conductor se va en expensas.
El promedio real de ganancias brutas de un conductor de Uber es de 300 a 400 dólares por semana, de los cuales le queda entre 50% y 70%, deduciendo únicamente los gastos por combustible. La remuneración no solo es ínfima, sino que Uber instruye a los pasajeros a no dejar propina. Los conductores, obviamente, duran poco tiempo en el trabajo, por eso, todas las propagandas de Uber se enfocan en buscar conductores, no pasajeros. Uber paga bonos extra (de 100 a 150 dólares) a los choferes que logran reclutar a otros.
Según analistas de Silicon Valley, Uber, que en 2016 perdió 3 mil millones de dólares, aplica la política de Jeff Bezos: “Primero hacerse grande para después ganar dinero”. Concepto erróneo en este caso. Cuando Bezos fundó Amazon, los consumidores no estaban acostumbrados al comercio electrónico, pocos se atrevían a usar una tarjeta de crédito online. Demoró una década conseguir que ese estigma desapareciese. Subir a un taxi no es algo que alguien deba aprender ni tampoco tomar confianza en hacerlo.
Uber no tiene oficinas propias en casi ningún lugar. Alquilan, por horas, salas en hoteles, adonde se dirigen quienes buscan conducir y deben mostrar sus documentos personales para que sean aprobados por la empresa. Su servicio telefónico de atención al cliente y a los conductores es pésimo. Seguramente, por falta de información, Donald Trump –quien busca crear empleos– admitió a Kalanick en su Consejo Consultivo Económico. Kalanick explota a los conductores y quiere eliminarlos usando vehículos autodirigidos. Curiosamente, habiendo disminuido al mínimo sus gastos y responsabilidades, abusando de los choferes y sus vehículos, quiere hacerse de los costes que implica tener automóviles propios. Uber anda por la ruta equivocada, con tantos baches en su recorrido, que pronto estará fuera del camino.
