Y comenzó el embrollo. Julian Assange se convierte en el héroe de los progresistas por sus informaciones de documentos clasificados a través del portal WikiLeaks sobre la guerra de Irak, de Afganistán y de miles de cables acerca de los secretos diplomáticos.
El soldado nombrado Bradley Manning, y ahora llamado “la soldado” Chelsea Manning, y responsable de proporcionar esa información, fue condenado a 35 años de prisión y expulsado del ejército con deshonor.
Assange se asiló en la Embajada de Ecuador en Londres, luego de aprobarse su extradición a Suecia para responder a la acusación de un delito sexual, y en violación a la fianza concedida por la justicia inglesa.
Baltasar Garzón, el juez español excluido del sistema judicial de su país por violación a la ley, se convirtió en el defensor de Assange.
Luego hace su entrada Edward Snowden, el exempleado de la Agencia de Seguridad Nacional estadounidense, quien le informa a la comunidad global que Estados Unidos espía a todo el mundo, y lanza su escrito titulado: “Manifiesto de la verdad”, en el que afirma que las comunicaciones que él ha destapado no solo son una amenaza para la esfera privada, sino que también minan la libertad de expresión y aboga por una solución global.
El espionaje masivo es un problema global y requiere una solución global.
O sea, yo, tú, él y todos espiamos. En lenguaje dominicano, Snowden ha descubierto el hilo en bollito. Snowden se asila en Rusia. ¡Qué coincidencia!
Hace su entrada triunfal Vladimir Putin. Ahora resulta que la Rusia de Vladimir ha “espiado” a la superpotencia y los resultados han sido un tremendo éxito: Han colocado a uno de los suyos en la presidencia de Estados Unidos.
Con elecciones a celebrarse este año en Francia y Alemania, las instituciones de seguridad de Estados Unidos han advertido a Europa de la posibilidad de que los rusos intervengan a favor de sus candidatos.
Y para aumentar el suspenso, Julian Assange había declarado que aceptaría su extradición si perdonaban a Chelsea Manning. Y Barack Obama conmutó la pena a Chelsea. ¿Un intercambio del pez chiquito por el grande? ¿Cumplirá Assange?
Mientras tanto, Vladimir Putin le ha extendido el permiso de residencia a Snowden. La trama continúa.
