Como jefe de Estado de Irak, Sadam Husein tomó el pelo a cuatro presidentes estadounidenses. Al parecer, el que mejor le cayó fue Ronald Reagan. "Reagan and me, good", confesó Sadam en un inglés chapurreado a cuatro soldados encargados de su vigilancia, según la revista GQ. "The Cleenton (Bill Clinton), he's okay. The Bush, father and son, no good". La escala de valores aplicada por Sadam describe el ascenso y la caída del dictador iraquí, de niño mimado de Estados Unidos a malvado.
Durante la presidencia de Ronald Reagan (1981-1989), el mundo estaba en orden para Sadam. En 1982, el Departamento de Estado eliminó a Irak de la lista de países que fomentaban el terrorismo. Después, Sadam adquirió masivamente armas en el mercado estadounidense. Los enviados militares de Sadam incluso compraron a empresas estadounidenses componentes para la fabricación de armas químicas. Ya desde 1984, la Organización de las Naciones Unidas tenía evidencias que demostraban que en la guerra con Irán (1980-1988) Sadam mandaba matar cruelmente a soldados enemigos empleando armas químicas.
Se calcula que durante la era de Reagan, Sadam consiguió créditos por un monto de unos 40 mil millones de dólares, gracias al hecho de que Washington quería impedir por todos los medios posibles una victoria del régimen islámico iraní del ayatolá Jomeini.
El emisario especial de Reagan y actual secretario de Defensa, Donald Rumsfeld, viajó en diciembre de 1983 y a principios de 1984 a Bagdad para preparar la reanudación de las relaciones diplomáticas, suspendidas desde la Guerra de los Seis Días, en 1967. Al terminar la guerra con Irán, en 1988, escaló la disputa entre Sadam y el vecino Kuwait sobre deudas, fronteras y el precio del petróleo. En ese entonces, el inquilino de la Casa Blanca era George H. W. Bush (1989- 1993).
El 25 de julio de 1990, pocos días antes de la invasión iraquí a Kuwait del dos de agosto, la embajadora de Estados Unidos, April Glaspie, se entrevistó con Sadam Husein. Aunque expresó la esperanza de que las dos partes enfrentadas alcanzaran rápidamente una solución diplomática, Glaspie dijo también, según la grabación de la conversación hecha por los iraquíes: "Nosotros no opinamos sobre conflictos interárabes como la disputa fronteriza con Kuwait". Preguntada en el Senado estadounidense sobre si esta afirmación no podía interpretarse como una defensa de la invasión, la embajadora declaró: "Estúpidamente no nos dimos cuenta de que él (Sadam) es tonto".
Durante el mandato del padre del actual presidente se lanzó la guerra para liberar a Kuwait, a principios de 1991. Las fuerzas de la coalición encabezada por Estados Unidos infligieron una aplastante derrota a las tropas iraquíes y avanzaron hasta 80 kilómetros de Bagdad. No obstante esta derrota militar, Sadam se mantuvo firmemente en el poder.
En los años siguientes, durante la presidencia de Bill Clinton (1993-2001), Sadam jugó al gato y al ratón con los expertos de desarme de las Naciones Unidas, encargados de verificar el cese de los programas iraquíes para la fabricación de armas de destrucción masiva. La secretaria de Estado Madeleine Albright dijo que "el mundo no ha visto a nadie, con excepción de Adolf Hitler, que sea tan malvado como Sadam Husein". El conflicto en torno a las inspecciones culminó en diciembre de 1998, cuando Estados Unidos y Gran Bretaña bombardearon instalaciones militares y empresas en Irak.
Más de cuatro años después, el gobierno estadounidense del presidente George W. Bush invocó la supuesta presencia en Irak de armas de destrucción masiva, los vínculos -nunca probados- entre Bagdad y la red terrorista Al Qaeda y las graves violaciones de los derechos humanos en Irak como motivos para iniciar una guerra con el objetivo de derrocar el régimen de Sadam.
Mientras tanto, el ex secretario de Estado norteamericano Colin Powell ha lamentado públicamente su intervención en el Consejo de Seguridad de la ONU el cinco de febrero de 2003, cuando presentó pruebas, que a la postre resultaron ser falsas, de la presencia de armas de destrucción masiva en Irak.
Pero Sadam no había reconocido los signos de los nuevos tiempos que corrían. Después de los ataques terroristas del 11 de septiembre de 2001 en Estados Unidos, el gobierno norteamericano rompió con su política de contención, practicada durante muchos años. Bush defendió la necesidad de neutralizar a Sadam como amenaza permanente para sus países vecinos e Israel y de convertir a Irak en un país modelo en términos de libertad y democracia en Cercano Oriente. Menos de tres semanas después de comenzar la guerra, el 20 de marzo de 2003, se derrumbó la resistencia del ejército iraquí.
DPA