El pasado 1 de octubre, el actual gobierno catalán, realizó un referéndum sobre la independencia de Cataluña que el Parlamento español no aprobó. Pensar que votar es siempre una acción democrática, como defiende sin matices un grupo sólido de catalanes, precisa de aclaraciones: ¿Quién puede decidir una convocatoria a las urnas? Por ejemplo, los viajeros de un autobús no están autorizados vía su voto a pontificar sobre la propiedad del transporte. ¿Cuánta gente debe participar en la votación? Solamente una mayoría sobrada podría decidir el futuro de un país. Altos oficiales de ejércitos, aún y siendo una minoría, lo han llevado a cabo en numerosas ocasiones.
Lo que supuestamente es una victoria (un voto más del 50%), podría bajo una aparente democracia no ser la representación de la voluntad de la mayoría. Brexit, Trump, paz en Colombia nos pueden ayudar a reflexionar.
Hoy por hoy no disponemos de instrumentos fiables para medir con tanta precisión el pensamiento popular, algo que tienen claro los expertos en referendos. Los resultados holgados en las urnas, son el verdadero método para dirimir un proceso.
¿Se puede afirmar que “España nos (a Cataluña) roba“? Si fuera así esta región autonómica sería pobre. El mundo está lleno de ejemplos en esa dirección, lleno de zonas que quedan olvidadas del centro del poder y marginadas a su suerte. Son esas regiones las que deben abandonar a sus opresores. Cataluña no se encuentra en esa situación, por mucho que los independentistas repitan el mantra de forma incesante. El mayor desarrollo de las zonas catalanas fronterizas con Francia, tiene su explicación en la labor de sus instituciones a un lado y otro de la frontera, esto confirma que la descentralización española ha sido eficaz para que Cataluña esté hoy en mejores condiciones.
La democracia y la libertad de expresión van muy ligadas. Se habla de la falta de respeto al idioma catalán… pero los medios de comunicación se expresan en los dos idiomas, catalán y castellano, tanto en la televisión como en la radio y la prensa escrita. El teatro es bilingüe, también lo son los libros que se publican… queda muy atrás la etapa franquista que les tocó vivir a mis padres, donde sus cartas íntimas de amor (que yo conservo) eran escritas en castellano por temor. Hoy los amantes catalanes se escriben como ellos quieren.
El respeto al idioma catalán está garantizado, aunque queda por recorrer, pero si el camino es vigilante y respetuoso como lo es en la actualidad, el avance o retroceso de esta lengua no dependeráúnicamente de la política. Ninguna institución pública española se plantea diluir esta insignia identitaria, todo lo contrario. Quedan, es cierto, individuos con reminiscencias de una España oscura, que quisieran ver desaparecer este idioma, pero son minorías excéntricas, no nos queda más remedio que aceptarlos y convencerlos para que no se hagan con cuotas importantes de poder. En el mundo entero el problema existe y lo resuelven, por desgracia, con mucha más tensión social.
Una rotura unilateral de España se justifica cuando la unión es insostenible, pero Cataluña es una región situada al nordeste de España, que representa un 20% de la población, que en la actualidad tiene uno de los sistemas de salud públicos más avanzados del mundo (según los indicadores de la OMS), es cierto que las deficiencias siguen siendo muchas, pero negar esta evidencia no es objetivo.
A nivel deportivo, por ejemplo, Cataluña alcanza como integrante del equipo español una cifra de medallas equivalente al 20%. Un indicador de que la selección de atletas dentro del equipo, de recursos y de apoyo a deportistas, únicamente guarda relación con su capacidad para ser los mejores entre los que pueden competir. No hay ninguna discriminación por ser de una zona u otra. España no roba oportunidades deportivas a Cataluña, sino que objetivamente es su garante.
Veamos qué ocurre con el reparto de la riqueza económica entre los 17 territorios que componen el actual estado de las autonomías españolas. Hay que profundizar en este hecho, ya que es crucial para los ciudadanos catalanes con una visión separatista. Si España injustamente se llevara más de lo que le corresponde, Cataluña estaría mejor siendo independiente.
