VIOLACIONES A LOS DERECHOS HUMANOS EN DARFUR.

El rostro del genocidio

Goz Beida, Chad. -Una mujer de nombre Marguerite H. me escribió hace poco para quejarse por mis columnas sobre Darfur. "Aun cuando la situación allá es espantosa, tenemos bastantes necesidades que satisfacer en nuestro país", escribió. "Le iría mejor dedicando su energía a cambiar las cosas aquí".

Así es que Marguerite, le presento a Halima Abdelkarim. Su vida está en parte en sus manos. Escuche su historia, y decida si aún piensa que deberíamos dejar de ayudarla hasta que hayamos resuelto nuestros propios problemas.

Halima, de 20 años, pertenece a la tribu Dajo, una de las tribus de negros africanos a la que están matando las milicias árabes, llamadas janjaweed, apoyadas por los sudaneses. Los ataques comenzaron hace tres años, pero la mayor parte del mundo compartía su punto de vista, Marguerite, de que Darfur era una tragedia, pero sin significado estratégico. Y es así que nos hemos preocupado un poco, pero permitido que se extienda el genocidio.

En marzo pasado, las matanzas en Darfur cruzaron la frontera y llegaron a la aldea de Halima en Chad. Los janjaweed asesinaron muchos hombres y raptaron 10 mujeres y niñas, incluidas Halima y su pequeña hermana Sadia.

Halima dice que los janjaweed, muchos de ellos vestidos con el uniforme del ejército sudanés, se burlaron de las mujeres con epítetos raciales contra los negros, las golpearon con varas y las violaron multitudinariamente a todas. Halima, quien entonces tenía cuatro meses de embarazo, dice que la violaron tres hombres y vio a dos violar a Sadia, quien sólo tenía 10 años.

Tras dos días de tormento, los janjaweed las liberaron. "Pero Sadia se negó a darles su burro, así es que le dispararon", recordó Halima. "Yo estaba con ella. Se murió de inmediato", aseguró.

Las sobrevivientes caminaron penosamente a una ciudad perdida en las afueras de Goz Beida. Al principio estuvieron seguras, y Halima parió una bebita. Sin embargo, hace un par de meses, los janjaweed empezaron a atacar cuando alguien salía del campamento en busca de leña.

No obstante, el mundo compartió su actitud, Marguerite: es triste pero está muy lejos, y de cualquier forma tenemos nuestros propios problemas.

Así es que el mes pasado, los janjaweed volvieron a atrapar a Halima, en efecto, nosotros permitimos que los janjaweed la volvieran a capturar.

Halima recolectaba leña con un grupo grande de mujeres, que confiaban en estar seguras por ser muchas. Sin embargo, de pronto aparecieron asaltantes con armas y atraparon a siete de ellas.

Los hombres preguntaron que a qué tribu pertenecían, y al enterarse de que eran Dajo que ya habían huido de sus aldeas, dijeron: "Las estábamos buscando". Halima cargaba a su bebita, Noorelayn, y dice que los janjaweed tiraron a la pequeña al suelo.

"Ustedes, los negros, no son humanos", gritaron, según citó ella. "Podemos hacerles lo que queramos. No pueden vivir aquí".

Finalmente, dice ella, tres hombres la violaron, golpearon y robaron sus ropas. Otra de las siete que fueron atrapadas, Aziza Yakub, de 17 años, confirmó la historia de Halima, y agregó que los janjaweed le dijeron mientras la violaban: "Ustedes los negros son como changos. No son humanos".

La única forma que estas mujeres tienen de sobrevivir es recolectar leña para vender o cambiar por alimentos. Sólo las mujeres recolectan leña porque, como ellas mismas dicen: "Matan a los hombres, 'sólo' violan a las mujeres".

El esposo de Halima no sabe del ataque más reciente. No le dijo sobre el primero, pero se imaginó lo que pudo haber sucedido durante los dos días que estuvo desaparecida. Aun cuando no la culpó, la abandonó unos cuantos meses, en parte para sacar todo su enojo contra los janjaweed y en parte para cultivar las cosechas para alimentar a su familia. Este mes, los janjaweed atacaron el área, donde estaban matando a muchos hombres o, en algunos casos, sacándoles los ojos con bayonetas. No se ha sabido nada del esposo.

Así es que, Marguerite, el futuro de Halima depende de nosotros. En los últimos días, Sudán ha cedido a la presión externa y acordado con renuencia y en principio aceptar algunas fuerzas de paz de las Naciones Unidas en Darfur. Esto es un recordatorio de que la presión puede funcionar, pero no hemos ejercido la suficiente. Para que las fuerzas de paz salven vidas y detengan las matanzas, será esencial realizar un esfuerzo mucho mayor. Aunque a usted no le preocupa demasiado, Marguerite, quizá podría hacer una llamada telefónica a la Casa Blanca o escribirle una carta a su representante en el Congreso.

Usted tiene otras prioridades, ya lo sé, al igual que todos nosotros. Sin embargo, nuestra indiferencia ya ha permitido que Halima sea violada multitudinariamente en dos ocasiones y asesinada su hermana en el primer genocidio del siglo XXI. Así es que Marguerite, decida si está dispuesta a dar la espalda mientras asesinan a Halima o cuántas veces está dispuesta a permitir que la violen.


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