[DERECHOS HUMANOS]

La violencia que rebasa la tolerancia

La situación social, política y económica a la que el gobierno represor de Nicolás Maduro ha llevado a Venezuela ha rebasado cualquier tibia semblanza de democracia para convertirse en un escenario diario de incontinencia violenta. El reciente asalto a la Asamblea Nacional de Diputados por los esbirros del chavismo más retrógrado e intolerante es una de las muchas gotas que rebasan el vaso.

Hay diputados y empleados descalabrados quienes han tenido que ser internados en hospitales tras retrasarse exprofeso la llegada de ambulancias al recinto por parte de una centena de maleantes chavistas, esos que se conocen como colectivos. Nueve horas de encierro sufrieron dentro de la Asamblea en un asedio vergonzoso, preludio del país totalitario que el régimen del exbusero que habla con pajaritos y del deslenguado exmilitar acusado de narcotráfico en Estados Unidos buscan construir.

Vista esta triste realidad del país hermano, querer acallar por la fuerza a quienes piensan diferente y cada día que pasa tiene mayores adeptos en las filas del pueblo que se manifiesta contra el régimen hace más de tres meses en las calles, no es más que una prueba de inseguridad, a la cual se suma una manifiesta incapacidad para enrumbar al país por los senderos de una auténtica democracia.

Con 91 muertos, más de 3 mil 500 detenidos, numerosos presos políticos previos a la actual situación de caos urbano que permea al país, la insistencia de Maduro en cambiar la actual Constitución chavista mediante el fraudulento método de una constituyente amañada, y la inconstitucional persecución a la Fiscal General de la Nación por el hecho de disentir abiertamente con sus antiguos colegas chavistas, para no hablar del caos alimenticio y de medicinas que sangra a la sociedad, estamos frente a una situación que el mundo, y Latinoamérica en particular, no deben tolerar más.

Y es que no hay manera de defender el deterioro social y la sistemática violencia que Maduro ha preferido desatar sobre su pueblo, en aras de no abandonar el poder como lo reclama más del 80% de la población.

En situaciones como esta no hay ideología que valga. Culpar al imperio y a la oligarquía local de tantas estupideces del todo insostenibles, se ha tornado en prueba al canto del fracaso del mal llamado socialismo del siglo XXI, como han pretendido imponerlo en la Venezuela de Bolívar, quien sin duda sería el primero en reprobar y combatir al régimen que en su nombre pretende convertir al país en pasto de los buitres, en contra de los más elementales derechos humanos.


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