“Votaré por ti, pero no estés peleando con todo el mundo”. Ese fue el voto condicionado de un simpatizante de Miguel Antonio Bernal.
Entre el hervidero de gente en la escuela Jeptha B. Duncan, en la 24 de Diciembre, el candidato a la Alcaldía capitalina no contestó. A cambio, apenas esbozó una sonrisa. Eran las 10:30 a. m., y el independiente, pero postulado por partidos antagónicos –el Liberal y Unión Patriótica– se pavoneaba por el corregimiento que, dice, lo apoyó con fuerza en las elecciones de 1999, cuando corría por el mismo cargo.
“No soy conflictivo, es que no me dejo cuando algo está mal”, decía una hora después.
La energía que le dieron la arepa con queso y el café que se desayunó a las 6.00 a.m., no desaparece. Habían pasado cinco horas y seguía de pie.
El celular no le da respiro. Su seguidores, al parecer, saben que no se “deja”. Puras denuncias salen del auricular de su celular. “En la 3906 de Pacora hay irregularidades”. Se refiere a una mesa de votación, tras la alerta de un timbrazo en el móvil.
Otra llamada. Gritos roncos salen del teléfono, pero nada se entiende. “Llama al delegado del Tribunal Electoral”, le dice un Bernal enfadado a una de sus fichas de campaña.
Se siente confiado del apoyo de los votantes, pero es receloso del sistema con el que trabaja el Tribunal Electoral. No le tiene fe a los magistrados. Se remota a las elecciones de 1999, cuando se perdieron 100 actas que lo favorecían, a su juicio.
Su hijo Miguel Antonio Bernal Castillero (recién llegado de una pasantía en Sierra Leona), y su esposa Mayella Lloyd, están agotados. Ambos esperan que esta sea la vuelta decisiva para Bernal, pero él dice que correría nuevamente.
“Sin ella –habla de Lloyd– sería una hormiga sin pestañas”. “Y Miguelito es mi soporte emocional”, reflexiona el catedrático que habla de la “cinta coimera”, al referirse a la cinta costera, y de las “áreas pervertidas” al nombrar las áreas revertidas.
“Mucha corrupción. Eso es lo que ha dañado a este país”, murmura.
Sigue su andar. El turno es de Las Mañanitas. La escuela Ciudad Jardín. Un centro de votación en el que el exportador, Bolívar Martínez, abre paso. Martínez grita consignas como señal de que llegó su candidato. El desayuno no es suficiente para seguir el andar. Bernal almuerza con el auto a toda marcha. Pollo asado, papas fritas y carimañola. No hay cubiertos ni protocolo. Unas 20 personas lo acompañan en cada parada. Todos vestidos de rojo y naranja, pero sin distintivos partidarios. Solo una “B” llevan las camisetas.
Su seguidores se mezclan en los centros de votación con gente identificada con el partido Cambio Democrático. Otras personas vestidas del Partido Revolucionario Democrático, se proclaman en voz baja como sus simpatizantes. Bernal dice que ya ganó. La mezcla de corrientes detrás de su recorrido lo deja con el pecho hinchado. José Raúl Mulino, de Unión Patriótica, le acompaña algunas veces. En cambio, del Partido Liberal nadie se aparece.
