La importancia de la seguridad social, como principio político y como objetivo social, tomó cuerpo en la segunda mitad del siglo XIX, como consecuencia de la inestabilidad que generaba lo que en aquel entonces se denominaba "la cuestión social". Es decir, la lucha de los trabajadores –no siempre pacífica– que reclamaban beneficiarse de los logros generados por la revolución industrial.
Este primer impulso se acrecentó en la segunda década del siglo XX, como resultado del reordenamiento político y social que tuvo lugar al finalizar la primera guerra mundial; y se consolidó en la década del 40 como reacción al trauma colectivo generado por el desastre de la segunda guerra mundial.
En Europa, el primer esfuerzo de construcción sistémica se produce en la Alemania de Bismark, durante la segunda mitad del siglo XIX, al aplicarse a partir de 1880 una nueva legislación sobre el seguro social estatal y crearse así el primer sistema moderno de seguridad social.
Desde su origen, la seguridad social nace con la impronta de la solidaridad, beneficiando por igual al que aportaba más como a quien aportaba menos. Por eso es que algunos, como el ex director de la Caja del Seguro Social Juan Jované, alegan que cuando se habla de seguridad social y se proponen medidas para afrontar su crisis, se está hablando en realidad del tipo de sociedad que se quiere construir.
Pero, dejando a un lado la ideología, la crisis financiera de la institución es innegable.
Durante los últimos 64 años, la Caja del Seguro Social ha ofrecido protección social a la fuerza de trabajo del país, cubriendo los riesgos de invalidez, vejez, muerte, enfermedad, maternidad, enfermedades profesionales y accidentes de trabajo. Y ya, los números no dan para más.
Décadas de abusos de gobernantes y gobernados, los dramáticos cambios demográficos nunca pensados por los que idearon el sistema –baja natalidad y mayor expectativa de vida– y la crisis de estabilidad laboral han provocado el actual caos.
La palabra crisis significa en chino peligro y oportunidad. El reto es grande e ineludible.
LOS NÚMEROS DE LA CRISIS
