Ni la pandemia que se ha extendido por todo el mundo ha podido detener el aumento del número de especies en riesgo de extinción: entre diciembre de 2019 y marzo de 2020, se sumaron 852 casos a la Lista Roja de Especies Amenazadas que elabora la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN).
En total, son 31 mil 30 animales y plantas en peligro de desaparecer, cifra que representa el 27% de las especies evaluadas.
El riesgo crítico de desaparecer afecta al 41% de los anfibios y 25% de los mamíferos y en las tres últimas décadas se ha perdido el 33% de los arrecifes coralinos.

En la anterior actualización de la Lista Roja, a inicios de diciembre de 2019, durante la Conferencia de la ONU sobre el Clima de Madrid, España, se marcó el mayor aumento de especies amenazadas de la década, con 3 mil 981 casos más respecto a 2018.
Uno de los principales motivos de la decadencia de la biodiversidad es la explotación comercial de la vida silvestre, incluyendo la de especies exóticas para diferentes usos, como mascotas o medicina alternativa.
Un reciente informe publicado por World Animal Protection detalla cómo millones de animales silvestres, encabezados por las pitones reales, son capturados o criados en cautiverio para “ser comercializados en el multimillonario mercado de mascotas exóticas, el cual está teniendo un devastador impacto en la población de varias especies silvestres alrededor del mundo”.
Solo en Estados Unidos, añade World Animal Protection, de las 9 millones de mascotas exóticas que se tienen registro, el 51% corresponden a reptiles. Europa y Asia son otros grandes mercados y el 99% de las importaciones globales de pitones reales provienen de tres países africanos: Togo, Benin y Ghana.
El estudio destaca la capacidad de los reptiles para convertirse en vectores de enfermedades que podrían ser transmisibles a humanos, como ocurrió con el nuevo coronavirus, que ahora hace tambalear al mundo (han trascendido teorías que involucran varias especies de serpientes como posible origen del brote).
También se recuerda que otras epidemias mundiales han sido asociadas a los mercados de vida silvestre, como fue el caso del Síndrome Respiratorio Agudo Severo (SRAS) entre 2002 y 2003.

El comercio legal de animales silvestres extrajo al menos 2.7 millones de ejemplares de 10 especies africanas entre 2011 y 2015, según otro informe (La explotación de la vida silvestre en África) de World Animal Protection.
10 especies con mayor demanda son el cocodrilo del Nilo, el lobo marino, la cebra de montaña de Hartmanns, el elefante africano, el hipopótamo común, la pitón real, el loro africano gris, el escorpión emperador, la tortuga leopardo y el varano de sabana.
“Comercializar animales de este modo tal vez es legal, pero esto no lo hace correcto. Son animales silvestres, no son productos de fábrica. Esta industria cruel lastima a los animales silvestres y puede dañar la biodiversidad africana, con impactos devastadores de largo plazo sobre los medios de subsistencia y sobre las economías también. ¿Cómo llegamos al punto en el que los animales son exportados y explotados vorazmente para nuestro placer personal?”, apuntó Neil D’Cruze, asesor de vida silvestre en World Animal Protection.
Los cambios en el uso de tierras para la agricultura, la sobre explotación (caza y pesca), el cambio climático, la contaminación, los efectos de las especies invasivas y el crecimiento demográfico, son otros factores de “la caída brutal de la biodiversidad”, de acuerdo con la evaluación que hizo en 2018 la Plataforma Intergubernamental Científica y Política sobre la Biodiversidad y Servicios Ecosistémicos.
