Junto a una copia de la Declaración de la Independencia, el Museo de la Revolución de Estados Unidos cuenta la historia de Mumbet, una esclava negra de Massachusetts que, después de escuchar una lectura del documento, sostuvo que la proclama de que “todos los hombres nacen iguales” debería abarcarla a ella.
Furioso con esa actitud, su dueño le pegó con una sartén. Mumbet lo demandó, consiguió su libertad en los tribunales, cambió su nombre a Elizabeth Freeman y se hizo enfermera. Su caso sentó un precedente.
La historia es un recordatorio de que durante la lucha del país por su independencia, los 400,000 afroamericanos que vivían como esclavos en 1776 también ansiaban ser libres.
Abundan las historias como esa en el museo, a ser inaugurado ayer en Filadelfia, coincidiendo con el 242º aniversario de la batalla de Lexington y Concord de 1775, que puso en marcha la guerra revolucionaria.
El museo ofrece una visión de los momentos clave de la historia del país y va más allá del relato enfocado en los ideales de un grupo de hombres blancos.
