Lo primero que se ve al entrar al Hogar San Pedro Nolasco es un pasillo lleno de sillas y sillones. En ellos, ancianos dormitan, conversan entre sí o dejan la mirada perderse, descansando en algún punto a la distancia.
Al fondo del pasillo hay un televisor al que nadie le presta mucha atención, pero cuyo brillo ilumina rostros inexpresivos, y llena, entre comerciales y programas varios, el que de otra forma sería un silencio casi ensordecedor.

Esa es la escena que con frecuencia recibe a los voluntarios de Adopta un Abuelito, un programa organizado por MAI Center, que dos veces al mes se traslada al hogar ubicado en El Chorrillo a llevarle arteterapia a sus residentes.
Lo que sucede cuando el evento arranca es algo que hay que ver por uno mismo. Primero vienen los saludos. Algunos, efusivamente, preguntan por la actividad del día. Otros requieren más convencimiento: una mano en el hombro y la promesa de que, si acompaña al voluntario al comedor de al lado, la va a pasar bien. La mayoría, si la salud se lo permite, se atreve.
Ya en el comedor, una larga mesa ha sido cubierta de papel manila, y sobre ella colocan crayones, pintura y masilla.
Yadyra Yánez, directora de MAI Center y creadora de la iniciativa, enciende unas pequeñas bocinas y le da play a la lista de canciones que ha reservado para la ocasión. Suena un bolero, y Alicia, una coqueta señora a la que no le da miedo desafinar, comienza a cantar.
VEA: Terapias que reviven los ánimos



