Amores solo posibles en Panamá

Sin salir de su círculo más cercano de familiares y amigos, seguramente conoce a más de una pareja multicultural. De diferentes países, edades, razas y tradiciones, pero el amor no conoce esas fronteras.

Amores solo posibles en Panamá
Pie.

El holandés Bas Zeinstra de 33 años le pedirá matrimonio hoy a la panameña Ivonne Ambulo de 23 años, tras un año de apasionado noviazgo.

¿Qué los hace tan especiales? Pues que son una pareja interracial con 10 años de diferencia, nacieron en países distintos y aunque no hablan el mismo idioma, se entienden con el lenguaje del amor. Y eso les basta.

Ivonne dice que él se adapta a cualquier situación; y Bas, que antes de conocerla se autoproclamaba todo un don Juan, halló en ella su media naranja. Con ella, porque dice que no podía ser de otra forma, él ha mejorado su español. Ella está aprendiendo holandés.

Ivonne y Bas representan a las personas que soportan críticas, superan distancias culturales y viven su relación de pareja.

Las desigualdades culturales, sociales, a veces el racismo y en otras los prejuicios sociales, muchas veces terminan por evitar que las personas se enamoren. Y Panamá, dicen los psicólogos, es un terreno fértil para la semilla de la pasión.

Acá es común que una persona sienta atracción por otras culturas, y esa atracción, en algunos casos más que otros, puede llevarnos a buscar parejas que aporten interesantes diferencias a la relación, explica Melisa Márquez, psicóloga, terapeuta familiar y de pareja en el Centro Integral de Psicología.

El paulatino incremento del mestizaje en las sociedades se debe en parte a que ahora es más fácil viajar y estudiar o trabajar en el extranjero. Estas posibilidades influyen en las oportunidades de conocer a personas de otras culturas, explica Márquez. A fin de cuentas, el amor entre personas de diferente raigambre es quizás de las mejores recetas para la integración social.

Parejas disparejas

Se conocieron en la clase de Project Management, en el salón 107 de la Universidad de Louisville, recuerda Mónica León. Ella lo vio y sintió el flechazo de ya se sabe quien. Él sintió curiosidad por aquella chica que insistía en sentarse cerca siempre y que le prestaba los apuntes de clase.

Así se fueron dando las cosas. Pasó el tiempo y Mónica de 27 años y Juan Cam, de 30 años, llevan ya seis años. Acaban de comprar su primer apartamento. Lo curioso, además de la diferencia de edad, que antes de los treinta se siente más, es que ella nació en Guatemala y él en Panamá. ¿Fue casualidad o el destino?

Este es uno de los muchos casos en los que la edad, las fronteras y la raza no juegan un papel definitivo a la hora del amor. Márquez aclara que es natural, desde siempre, que exista ese interés hacia lo diferente, y que en Panamá se han dado históricamente condiciones favorables para la convivencia cultural.

Todas comienzan diciendo: ‘¡tiene un no sé qué!’ y ‘¡no sé cómo explicártelo!’; y con el tiempo ese ‘no sé qué’ se convierte en hormonas y más tarde en sentimientos que al final permiten la atracción entre dos personas.

Las manos sudorosas, la respiración acelerada y las pupilas dilatadas son señales que revelan un ‘me gusta’. Pareciera que el cuerpo vive un complot orgánico, químico, que delata sentimientos y que enloquece a la especie humana, y en ocasiones prolonga su existencia.

Denise se mudó a Nueva York para terminar la secundaria. Su primer esposo, David, era hijo de irlandeses. Se casaron y tuvieron 2 hijos, pero se divorciaron y años después él falleció. Ella se jubiló y volvió a Panamá para cuidar a sus padres, que entonces estaban ya mayores.

Conoció a Donald O’Brien, un irlandés estadounidense radicado en Panamá. Él también buscaba una compañera, luego de que su primera esposa fuera cosa del pasado.

Se conocieron en septiembre de 2006, recuerda Denise. Él es dulce, ella, como buena panameña, tiene mucho carácter. A él le gusta el mar, a ella la montaña. Él ama el chocolate y ella el café. Pero ambos, juntos, han podido negociar un punto medio y llevan ya seis años y medio de matrimonio. El final de Denise quizás es el de Holly, la protagonista de la película Posdata: Te quiero y cuyo destino era un irlandés.

Mañana, Día de San Valentín, cuando Ivonne ya le haya dado el sí a Bas; Mónica y Juan celebren el cumpleaños de ella, y Donald sorprenda a Denise con una invitación a disfrutar de un crucero, refirmarán por qué Panamá es un destino para el amor sin fronteras.


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