“50% menos en toda la mercancía” indica un letrero que resalta en la parte superior de un estante de ropa. En la otra esquina hay un cartel que dice “2x1”. No es fácil llegar a estos puntos de la tienda por las decenas de personas que se disputan la mercancía con descuento.
Faltan cuatro días para celebrar la llegada de un nuevo año y las personas siguen comprando para aprovechar los descuentos de última hora.
¿Necesidad o consumismo? Las personas en ocasiones compran por el impulso de copiarse o por la presión de los demás, señala el asesor financiero José Canto.
“Nuestro cerebro responde a las ‘recompensas’ que nos brinda la compra impulsiva o compulsiva. Esto quizás se asocie a cierto grado de inmadurez”, agrega.
Sucumben ante el estado anímico. Si la persona está feliz es más propensa a darse “premios” y por lo tanto compra eso que tanto desea. Otras quieren aliviar su depresión o tristeza saliendo de compras.
La envidia y la baja autoestima también influyen en este comportamiento, cuando se comparan posesiones materiales y se siente envidia de quienes pueden permitirse ciertos lujos.
Hay compras que te dan estatus, por ejemplo, una marca de carro, tecnología, marca de ropa o accesorios, y te dan un prestigio dentro del grupo. Esto los hace sentirse bien, reitera la psicóloga Xochitl Mckay de Delgado.
También hay compras que llenan las necesidades de amor y estima; algunos necesitan toda la parafernalia para sentirse bien. Es como una adicción, las compras se pueden convertir en la fuente del placer.
En el caso de los acumuladores, el comprar por comprar les produce placer. Hay una obsesión y necesidad de seguir comprando lo que ven.
UN TEMA DE CONTROL
Antes de ir de compras, hay que sentarse a pensar si lo hace porque “lo quiero” o porque “lo necesito”. Esto marca la diferencia entre un comprador inteligente y uno muy endeudado si no toma las previsiones, recalca Hildegarde Herrera, vocera de la Autoridad de Protección al Consumidor y defensa de la Competencia.
Siempre hay que tener presente los gastos fijos, por eso es necesario hacer un presupuesto “real”, solo así sabrá de cuánto se dispone para gastar.
Deben hacer una lista de necesidades para las compras de fin de año, luego deben depurar, respondiendo a la pregunta: ¿Es una necesidad o es un antojo?, sugiere Mckay de Delgado.
Analizar cuántas veces lo va a usar, cuánto cuesta y si está dentro de sus posibilidades o de los ahorros que hizo. Si cumple satisfactoriamente estos parámetros, entonces lo puede adquirir sin remordimientos.
Además, salga con una hoja de ruta (mínimo acudir a cuatro establecimientos) y compare precios, calidad y garantía. Cuando tenga el panorama de precios, decida cuál es la mejor opción, sugiere Herrera.
Pero, debe atenerse a la lista y no excederse en el presupuesto, recalca Mckay de Delgado.
